LA PAZ… UN HORMIGUERO “PATEAO” 8


Después de Sucre, que nos ha encantado, fuimos a Santa Cruz de la Sierra, en bus como siempre, y cuando llegamos a la estación fui a por las mochilas que estaban en el maletero del bus y cuando lo abrieron… ¡¡había un hombre durmiendo junto a nuestras mochilas!! ¡¡Dentro del maletero!! y yo recién despierta, a las 7:00 am, después de unas 15 horas de viaje me veo un tío junto a mis mochilas y lo único que se me ocurre decirle al conductor es: “¡ahí hay un hombre!” y me dice el conductor: “sí, será un borracho”. El hombre se dio la vuelta (seguro le despertamos al pobre) y el conductor cerró otra vez. Así que durante 15 horas un hombre borracho fue en el maletero de un bus en Bolivia, y digo yo… ¿no fue al baño? Revisé nuestras mochilas y estaban secas y limpias, menos mal…

De ahí agarramos un taxi (que nos quería cobrar 2 euros y le regateamos a 1,80…¡cuánto mal nos está haciendo Bolivia con el regateo!) y fuimos a casa de Álvaro, un amigo de mi hermano que vive en Santa Cruz desde hace ya un tiempo, trabaja aquí como gerente en una cadena de supermercados. Vive con Juan, que también es compañero suyo de trabajo, y cuando llegamos era muy temprano y estaban dormidos claro, así que aprovechamos para dormir un poco más, porque después del viaje estábamos reventados.

A medio día nos despertamos los cuatro y nos fuimos a comer a un restaurante de comida típica boliviana con música en directo. Comimos mucho y muy bien, un montón de platos típicos y nos fuimos a pasear por la Iglesia de la Merced, subimos a la terraza de un edificio alto en la Plaza 24 de Septiembre para disfrutar de la panorámica y nos fuimos a tomar café con dulces.

Esa ha sido más o menos nuestra rutina en Santa Cruz, pasear, comer, visitar algún museo, y cuando salían de trabajar Álvaro y Juan, echábamos el rato con ellos charlando, cenando o comiendo.

Han sido unos anfitriones estupendos, nos han dado todas las comodidades y hemos descansado muchísimo durante nuestra visita a Santa Cruz, además con ese calorcito que hacía… ¡qué rico!

Uno de los días nos fuimos a visitar las ruinas Incas en Samaipata (es un vocablo quechua que significa “descanso en las alturas”), agarramos expresso (un vehículo para 7 personas) y nos fuimos al pueblo de Samaipata con un grupo grande de chilenos muy simpáticos. Nos llevó hasta el Fuerte, que se trata de una enorme cumbre de una montaña esculpidas con dos grandes ranuras, asientos, estanques y motivos zoomorfos con los cuales antiguas poblaciones de origen amazónicos propiciaban sus ciclos agrícolas, e hicimos el recorrido, que es un lindo paseo donde puedes ver el Fuerte y la Roca Esculpida (que es el más grande petroglifo terrestre). Es considerado la mayor obra de arquitectura rupestre del mundo, además es único por la síntesis de edificios de las tres culturas: Chanés, Inca y Española.

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Volvimos al pueblo, para visitar el museo. Comimos humita con unas cervecitas y nos volvimos a Santa Cruz.

Nos despedimos de nuestros amigos españoles en Santa Cruz, para dirigirnos a Oruro, donde nos esperaba Juan Carlos, nuestro primer couch en Bolivia (es difícil encontrar CS en este país), que es una persona genial, nos ha enseñado muchísimo sobre la cultura y la política boliviana, de Oruro y sus tradiciones, de la gastronomía y mil historias que nos han fascinado, además de darnos las llaves de la casa de su abuelo (que estaba justo al lado de la suya) en el centro de la ciudad, mejor imposible.

Por el día estaba muy ocupado porque trabaja, pero a partir de las 20:00 quedábamos todos los días con él y su amiga Teresa, que es un cielo de mujer, super atenta y simpática, y cenábamos, paseábamos y siempre echando unas risas con el pequeño Roberto que es un crack.

En Oruro se come muy bien. Algunos de los platos típicos que hemos comido son:

El Intendente (un plato con chuleta de res, costilla de cordero, cerdo, pollo, chorizo, menudencia, verduras…, su nombre se debe a que existía un funcionario municipal que ocupaba el cargo de Intendente, y era quien realizaba las inspecciones de los puestos de venta, y claro, las señoras vendedoras le ofrecían lo mejor y más cantidad, de ahí el nombre del plato), helado de canela (fue declarado Patrimonio Cultural, y puedo decir que ¡está riquísimo!), el cordero (son expertos cocinando cordero y es baratísimo), un sándwich que comen aquí a media mañana (entre el desayuno y el almuerzo), es un bocadillo de salchichas de llama y se toma con jugo de canela. Está todo riquísimo y es muy barato.

Vimos la Virgen del Socavón, que es el monumento más grande de Sudamérica (45,40 metros), El Faro de Conchupata, el santuario del Socavón (que tiene justo debajo el museo minero del Socavón), la Catedral, plazas y mercados. Además tuvimos suerte y nos pilló en días festivos allí y vimos desfiles por las calles de la ciudad.

Decidimos que había llegado el momento de seguir con el viaje, así que nos despedimos de nuestros amigos orureños y agarramos un bus para la paz, otra vez regateamos con la vendedora que decía que era 4 euros los dos, pero nosotros solo llevábamos 3 euros encima… así que no le quedó otra que aceptar, pero así es esto, hay que regatear, porque al escucharte el acento siempre te intentan cobrar más, y no queremos pagar más, y aunque sean céntimos, entras en la dinámica del regateo.

Este viaje era solo de 6 horas, pero se nos hizo eterno. Por fin llegamos a la Paz y cuando llegas se te abre la boca, de lo extraña que es esta ciudad, no sabría decir si me gusta o me da miedo, es realmente como nos dijo nuestro amigo Joaquín (Oveja): “es un hormiguero pateao”. Tanto en la arquitectura, como la circulación de los vehículos y las personas, los mercados, las casas, las calles, es todo un caos, pero es lindo, es una ciudad al pie, sobre y rodeado de las montañas, y éstas están cubiertas por un manto de casas de ladrillo sin pintar ni enlucir, pero de repente te encuentras un edificio de 1775 re bonito, con patios interiores. Es una ciudad de contrastes.

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Paseando por La Paz, hemos visitado el museo de Folclore (MUSEF), Museo de Arte, Iglesia San Francisco, el Mercado de Brujas (el cual está a tope, porque esta semana están haciendo ofrendas a la Pachamama), miradores de la ciudad, Plaza Murillo, Parque Central, etc…

Nos fuimos un par de noches a casa de Jael, una couch muy divertida, que vive por La Ceja, en El Alto de La Paz. Allí hemos disfrutado de la compañía de esta chica que es una Tauro muy relajada y buena onda, y nos llevó a dos miradores, a la feria del Alto y a ver a las ¡Cholitas Luchadoras! ¡Qué divertido! ¡Qué locas! Un espectáculo que merece la pena. Cuesta la entrada 50 bolivianos (5 € al cambio) y te dan un souvenir, palomitas y agua, la cual tienes que vigilar porque las cholitas te la robaban para echarla luego al público, y ¡aquí hace frío!!


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Volvimos al centro de la Paz, al hotel Torino (que es muy económico y está en el mismo centro), para terminar de visitar la ciudad y nos llevamos una gran sorpresa, porque vino a La Paz Teresa, nuestra amiga de Oruro, así que comimos con ella, paseamos por los mercados y subimos hasta el cementerio que es de donde salen muchos buses a distintos destinos, a preguntar por horarios y precios, pensando que así nos ahorraríamos dinero al no ir con tour, pero resulta que te cuesta prácticamente lo mismo que si vas por libre, y en el tour tienes guía, así que nosotros recomendamos que en Bolivia se contrate un tour para visitar ruinas y sitios lejanos.

A la mañana siguiente madrugamos y fuimos a Tiwanaku, un pueblo Arqueológico que está a hora y media de La Paz, en el que se encuentran: el Templo de Kalasasaya, el Templete Semisubterráneo, el Templo de Putuni, Pirámide de Akapana, el Templo de Puma Punku, Templo de Kantatallita y dos museos, el Cerámico y el Lítico. Todo está lleno de monolitos tallados gigantes, muros de piedra muy bien construidos, canalizaban el agua y tallaban todos los arcos, puertas y esculturas muy bien. Muy interesante la visita.

Después de esto, decidimos que estábamos hartos del frío y la altura, y queríamos visitar Rurrenabaque para ir a la Pampa y nadar con delfines rosados, así que nos dirigimos a la estación de buses de Villa Fátima y tomamos un bus a Rurre. Salía a las 11:30 am, pero la puntualidad boliviana es peor que la nuestra… salimos a las 14:30 en ¡un bus 4 x 4! ¡Qué trabajo subir al bus! Son así de altos porque el camino es tremendo, pero menos mal que los conductores paceños son los mejores de Bolivia (y yo diría que del mundo). Tras varias paradas y extrañados porque conducen por el carril contrario en este recorrido (como en Inglaterra o Japón), llegamos hechos polvo a Rurre ¡¡a las 9 :00 am!! Qué paliza… agarramos mochilas y nos fuimos a información turística, pedimos mapa e información y nos quedamos a dormir en “Los Tucanes”, un hostel bastante bueno y baratito que está en el centro de la ciudad.

Habíamos buscado información en tripadvisor sobre los tours de La Pampa (también hay en La Selva, pero nos interesaba éste por los delfines), y llegamos la conclusión de que lo mejor era ir con un buen guía, la agencia no importa tanto, todas te lo incluyen todo, pero el guía es importante. Vimos que hablaban muy bien de un tal “Norman”, pero la agencia donde trabaja es un poco más cara porque hace tours individuales, pero preguntamos por él en el pueblo, a Irene, una madrileña que trabaja en Madidi Travel, y nos puso en contacto con él directamente. Finalmente, nos cayó muy bien y nos dio mucha confianza, así que nos ofreció hacer el tour junto con otras 6 personas en otra agencia más económica y aceptamos.

Al día siguiente salíamos un poco más temprano que el resto de los tours, para no tragar el polvo del camino, y nos conocimos allí en la agencia Dolphin. En el grupo éramos una pareja de Estonia (Karl y Margharete), dos australianos (Dane y Gareth), otra pareja italoboliviana (Andrea y Wendy) y nosotros.

En el camino en auto vimos caimanes, cocodrilos y un oso hormiguero. El pobre… para huir de nuestras cámaras se subió a un árbol. Llegamos al embarcadero donde nos esperaba nuestra barca, en la cual íbamos a recorrer parte del río hasta nuestro conjunto de cabañas donde dormíamos y comíamos. Todo el recorrido fue precioso, lleno de caimanes, cocodrilos, muchos tipos de monos, delfines rosados, capibaras, choiques y todo tipo de aves.

Merendamos y nos fuimos a ver el atardecer tomando una cervecita a un sitio precioso donde nos comieron los mosquitos.

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Volvimos a las cabañas observando el cielo, mil estrellas, la vía láctea, millones de luciérnagas y los ojos de los cocodrilos y otros bichejos.

Al día siguiente madrugamos muchísimo para ir a ver el amanecer y el despertar de la fauna. Ahí nos comieron también los mosquitos (parece que les da igual el repelente… porque nosotros llevamos unos especial para selva, pero nada, nos pican igual).

Después de esto, volvimos para desayunar y nos fuimos en busca del perezoso, al cual encontramos super rápido, ahí parado, en la copa de un árbol. Norman le hacía el silbido del macho y se volvía loca (todo lo loca que se pueda volver una perezosa, movía el cuello vaya). Nos fuimos en busca de la anaconda, pero no conseguimos ver ninguna, así que volvimos para comer, y después… ¡lo mejor del tour! Nos fuimos a nadar con delfines, pero al final resultó que ¡¡daba mucho miedo!! Porque nos dijeron que donde hay delfines no hay ni pirañas ni cocodrilos ni caimanes, pero el agua es totalmente turbia, no se ve N A D A, así que vimos un grupo de delfines y se tiró al agua la más valiente: Marghi (¿¿¿creíais que era yo??? ¡¡Ni de coña!!), y después Gareth, Kart, Dane… y ahí me lancé yo y detrás Chema. ¡Qué sustito! Con esos cocodrilos mirándonos a lo lejos… Allí estuvimos como media hora nadando, rodeados de delfines, pero pasaban a su bola, al lado pero no se acercaban… Son menos sociables que los del mar, porque son medio ciegos, así que creo que no les interesamos nada.

Volvimos a intentar encontrar la anaconda, pero nada… solo vimos cangrejos. Y por último, Norman nos llevó a pescar pirañas. Era divertido, porque más que pescar era alimentarlas. Al echar el anzuelo, no daba tiempo a nada, se comían la carne al instante pero no picaban. Hay que dar un tironcito a ver si la pescas, porque no son tontas (por cierto, ahí nos dimos cuenta de la cantidad de pirañas que hay, y que ahí nos habíamos estado bañando… espeluznante…). Por fin empezamos a pillarle el truco y yo pesqué dos pirañas, muy pequeñas, y las dos hicieron lo mismo: soltarse del anzuelo y caer a mis pies ¡¡intentando morderlo todo!! Después de gritar un rato, decidí devolverlas al río, porque eran muy pequeñas y no me las iba a comer. Chema pescó un pez gato, también pequeño, así que nos volvimos con las manos vacías.

La última noche la pasamos en Rurre y nos esperaba lo peor: la vuelta en bus. Fue terrible, larga y terrible, y cuando llegamos a La Paz deprimente, porque aquí hace mucho frío. Estamos deseando llegar al calorcito otra vez…

Ayer hicimos el tour de Chacaltaya y el valle de la Luna, con un grupo de 10 personas muy simpáticas: Noemí (de Korea), Agustina y Federico (Uruguay), Rodrigo, William, Marina, Thuanne (Brasil), Julio (México) y dos estadounidenses que no se como se llaman.

La guía Paty es muy simpática y lo explicaba todo muy bien. Chacaltaya nos encantó, un lugar precioso, a 5300 metros de altura (yo me apuné un poco, pero tomé coca, fui despacito y se me pasó). Tiene unas vistas increíbles. Era la estación de esquí más alta del mundo, pero con el calentamiento global ya no se puede esquiar más, hay algo de nieve pero no lo suficiente. El Valle de la Luna era lindo.

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Por cierto, curiosidades en Bolivia, que nos han gustado y servido son:

Cuando vas a comer en algún puesto callejero, cuando terminas tu plato o tu jugo, le dices a la señora: “caserita, ¿me da la yapa?”, eso quiere decir que quieres repetir, y te sirve otro plato o jugo ¡¡gratis!! Es genial.

Tienen una forma peculiar de negar en Bolivia, y es con la mano, cuando es un no rotundo (y ya sabes que no hay yapa o no van a regatear más), levantan una mano y la giran de un lado a otro.

Otra cosa que nos ha llamado la atención es que en Bolivia, cuando van a tomar alguna bebida o comida, primero hacen una libación a la Pachamama, le hacen una ofrenda derramando un poco de la bebida al suelo.

Si vas a tomar un taxi, que aquí son muuuy baratos, entérate antes de montarte cuál es la tarifa normal del recorrido que vas a hacer, y cuando llegues al destino vas a ver que el taxita no te dice cuanto es, si le preguntas ¡la cagaste! Te va a cobrar precio gringo (que sigue siendo barato), tú le das lo que te han dicho de precio orientativo y te vas. Normalmente te cobran 10 o 15 bolivianos (si es un recorrido dentro de la ciudad) que viene a ser 1 euro, euro y medio.

Puedes llamar a un restaurante, encargar comida para llevar y mandar a un taxista que lo recoja, él lo paga y te lo lleva a casa por un par de euros no más.

Bueno, ya me he terminado mi Api con llaucha (bebida caliente de maíz morado con canela, clavo y cáscara de naranja, con una empanada de queso un poco picante), sigo con la entrada:

Hoy estamos pasando nuestro último día en La Paz y mañana iremos a Coroico. Queríamos contratar un tour en bicicleta por la carretera de la muerte, pero nos acaban de decir que no llega a Coroico, así que hemos cambiado de opinión, iremos a Coroico en bus y una vez allí averiguaremos que excursión podemos hacer, porque desde La Paz es caro y solo está esta opción de tour, y desde Coroico hemos visto que hay más opciones (caminatas, a caballo, en bici…) y un poco más barato.

Después de Coroico queremos ir a Copacabana para conocer el Lago Titicaca y la Isla del Sol, y ya a Perú!! Puno, Arequipa, Cuzco, Machupichu… etc etc.

Os mandamos un abrazo enorme!!


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