Cuando yo siento un tambor… 2


Ya tenemos buena conexión porque estamos de vuelta en Montevideo 🙂

Ayer huimos de Punta del Diablo antes de que empezara de nuevo LA TORMENTA, y lo pongo en mayúsculas porque en nuestra vida hemos visto nada igual. De todas formas disfrutamos como enanos, y podríamos haber seguido en Punta del Diablo, pero pensamos que tenemos que ir a la Patagonia antes de que se acabe el buen tiempo.

Bueno, antes de seguir contándoos lo de la tormenta, vamos por partes. Primero dar las gracias a Camilo, Paulina y Fernando por darnos la oportunidad de pasar estas vacaciones con ellos y poder conocer a todos sus amigos y familia. Hemos disfrutado muchísimo de Punta del Diablo.

Segundo os voy a contar por donde me quedé jeje.

En Ciudad de la Costa, con Ricardo, pasamos unos días muy tranquilos: playa, cervecitas y pesca nocturna.

Nos fuimos una de las noches con 3 litros de cerveza, el calderín y una linterna a encandilar peces. Fue muy divertido y poco profesional, gritábamos cuando veíamos un pez y cada vez que una ola nos mojaba un poco más de lo que estábamos, así que imaginaros lo que pescamos jeje. Aún así algo conseguimos 🙂

Después de reírnos de una gaviota que también encandilamos (pobre…estaba cuajá) nos fuimos a la casa y nos dimos cuenta de que no estaba el pescado tan rico hecho al microondas…

Cogimos el bus el día 23 de Enero dirección Punta del Diablo, donde nos esperaba Camilo, un amigo uruguayo que vive en España desde hace muchos años. Es un músico muy divertido, aunque también “peligrosíiisimo” jejeje, la pena que no haya venido con su mujercita, María, que la queremos un montón!!!

En la estación nos recogió en la furgo “El Flaco” (Fernando, el papá de Camilo) y nos llevó al rancho donde estaban todos.

Punta del diablo es un balneario (en Uruguay se llama balneario a los pueblitos de veraneo turísticos) sin asfalto ni edificios, lleno de casitas de colores, artesanía, surferos, perros y sapos. Se supone que es verano y debería hacer buen tiempo en Uruguay, pero el día que llegamos, llegó con nosotros una nube gigante y negra, y como no, empezó a llover y a llover y rayos, y truenos, y llovía, y de repente! Sooool! todos a la playa corriendo, lo dejábamos todo para ir a la playa a que no dieran rayitos de sol, y de repente!! todo negro y… tormenta eléctrica!! y todos a correr de nuevo a nuestros respectivos ranchos a jugar a las cartas, hacer tortas fritas, tomar mate y tocar música, mientras le gritábamos a la lluvia para que parara, pero lo hacía cuando quería jaja.

Así estuvimos en el primer rancho una semana. Era un rancho hecho con madera, un poco torcido y el suelo era de arena.

Al llegar, éramos muchos en el rancho y dormíamos en tiendas de campaña. Además iban llegado y yéndose cada día, y cada día era una fiesta 🙂

Paulina, la mamá de Camilo, es genial, siempre está de buen humor y con una sonrisa en la cara. Se preocupa por todo y es una persona super sana, en todos los aspectos. Le encanta la música y me enseñó a hacer yoga una mañana en la playa.

Fernando , “El Flaco”, es un grande. Tranquilo y muy simpático. Como dirían aquí: Re buena onda.

Fede, el hermano de Camilo, siempre dispuesto a surfar y jugar a las cartas, es cariñoso y listo, y un poco friki jejeje.

Camila, la novia de Fede, es un dulce de niña, lista y encantadora, y le dan unos ataques de risa que contagian.

Rodrigo, Gabi, Mael, Ibai, Maxi, Juan Pablo, Amparo, Roc, Zoe, Fabricio, Caetano, Ignacio, Phung, Galileo, Jimena, Lucía, tooodos geniales y unos artistas. Hemos disfrutado de la compañía de todos 🙂

Al ser tantos, no teníamos ni un momento de aburrimiento, y por eso hemos estado un poco más desconectados (mamá, hoy te llamo seguro), cuando hacía buen tiempo a la playa, y cuando hacía malo al rancho o a Carabanchel, el bar y Hostal del primo de Camilo, Matías, a tomar cervezas y escuchar música en directo, e incluso enseñamos un poco de verdiales jeje.

Es un hostal muy chulo, os lo recomiendo si venís a Punta del Diablo.

Una de las noches fuimos a ver los tambores en medio del campo. Se junta mucha gente con tambores (tres tipos: chico, repique y piano) alrededor de un fuego donde bailan y tocan los tambores hasta la madrugada. Esto se hace todos los miércoles y sábado.

Cuando quedábamos Pau, el Flaco, Camilo, Fede, Camila, Juan Pablo, Chema y yo, decidimos que no queríamos estar más tiempo en el rancho, a pesar de que se estaba muy agusto, pero necesitábamos ver la playa y tener ducha caliente, por ello decidimos ir a una casa en la playa que les habían prestado, la podéis ver en las fotos, es muy bonita, mal hecha, pero bonita jaja.

Hemos pasado una semana en la casa y ha sido fantástico, un cambio necesario. La playa a un paso, unas vistas increíbles y flipando con las tormentas eléctricas y los super arcoiris dobles que se forman sobre el mar.

Hace unos días nos pasó algo curioso a Chema y a mi, paseando por el pueblo. Íbamos por el centro y paró un coche junto a nosotros. El muchacho nos preguntó si habíamos estado en el Festival de Jazz en “lo de Luján” y nos quedamos boquiabiertos jeje. Resulta que Guillermo es amigo de Luján (nuestra anfitriona y amiga de Mercedes), había visto nuestras fotos en facebook y nos había reconocido 🙂 así que intercambiamos teléfonos porque él y Vero, su novia, están veraneando en Punta del Diablo.

Quedamos con ellos una tarde para tomarnos algo y pasear con su coche por la laguna negra (que es preciosa). Nos tomamos unas empanadas de marisco, de pescado con queso y cervezas viendo el atardecer y charlando 🙂

El sábado estuvimos planeando el recoger e ir a Montevideo porque ya estábamos hartos de lluvia, pero amaneció con un sol que partía las piedras así que fuimos para la playa temprano y nos tiramos todo el día allí. Cuando recogimos se empezó a encapotar el día y arrancó la Tormenta Perfecta. Hubo un momento en que paró la lluvia y el cielo se iluminaba y apagaba como un fluorescente que no termina de funcionar, a la vez que había un terralón impresionante. En un claro de la tormenta salimos a comprar muzzarela para las pizzas que íbamos a hacer esa noche para celebrar que estábamos todavía vivos, y nos dimos cuenta, tarde, que la tormenta nos iba a regalar sus mejores escupitajos, pero ya estábamos camino del Vasco, el supermercado de Punta del Diablo.

Sobrevivimos a la incursión por víveres y al día siguiente no nos dejamos engañar por el clima, recogimos los pertrechos y agarramos carretera. Cantando y jugando a las cartas nos dirigíamos a Montevideo cuando a la altura de Castillos sentimos un olor peculiar y acto seguido un reventón. Eran las 9 de la noche y estábamos en una carretera secundaria, en zonas de lagunas, rodeados de nubes de mosquitos y según nos avisó la policía caminera, también de Cruceras.

Estuvimos esperando a la grúa hasta las diez y media pero finalmente fueron 3 camioneros los que nos auxiliaron. Cambiamos la rueda y continuamos el viaje los seis, el perro Rasta y la gata Tiza que hacía oposiciones a Houdini, no paraba de escaparse de su caja por más peso que pusiésemos encima. Por último decidimos llevarla en brazos dentro de una funda de almohada. Antes de llegar Rocha donde íbamos a parar para cenar, Chema empezó a proferir juramentos a los dioses arquetípicos, y todos preguntaban quién era el desalmado que expulsaba tamaños gases a la atmósfera. La realidad era que la pobre Tiza también tenía que evacuar, y así lo hizo, dentro de la funda de la almohada. Todos gritábamos mientras el Flaco buscaba un lugar donde parar y el perro sacaba el hocico por la ventana.

Finalmente y tras unas cuantas paradas más en el camino llegamos a Malvin, en Montevideo, a las 5 de la mañana, tras hacer turismo-aventura y aquí estamos de vuelta en la civilización.

Un beso!!!


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