“DE AQUÍ A LIMA”… 12


…solo hay 384 Km, y es una frase que usamos mucho en España cuando queremos decir “muchisíiiimo” o que “está muy lejos”, pero en Sudamérica no tiene sentido, y menos aquí en Perú. Cada vez que lo decimos, nos ponen una cara rara y tenemos que explicar la frase. Cuando estemos en Lima tenemos que intentar no decirla.

Uff… tengo que contar muchas cosas, porque la última vez que escribí fue en la Paz. No hemos parado desde entonces y cuando lo hemos hecho, o no teníamos Internet o estábamos cansados, así que voy a empezar por el principio, a ver si no me olvido de nada importante y espero no aburriros.

Antes de salir a Coroico, fuimos a recoger nuestra nueva matera que habíamos encargado a un artesano en La Paz, y nos llevamos una sorpresa buenísima: ¡¡el artesano nos la regaló!! Se llama Marcial Lope Colque y se encuentra en la Calle Linares 983 entre Tarija y Sagárnaga, en las Artesanías “Condor Andino. Su correo es condor_andinobolivia@hotmail.com y el celular es 730 18072. Si queréis algo bien hecho y hablad con él.

La matera ha quedado preciosa. La ha hecho con aguayos de distintos colores, ¡nos encanta!, la veréis en algunas fotos.

De ahí nos fuimos directamente a coger una combi (pequeño transporte para 12 personas que usan en Bolivia y Perú) hasta Coroico, que es un pueblo precioso que hay en La Paz. Una vez allí, decidimos que no teníamos ganas realmente de hacer senderismo, bici ni nada, y por ello, sencillamente nos dedicamos a visitar el pueblo, pasear, disfrutar del paisaje y clima, y jugar al blood bowl (el juego favorito de Chema, y del que Laura abusa jugando con elfos silvanos y siempre gana).

La vuelta fue terrible, porque el conductor puso música y estuvimos escuchando L A M I S M A C A N C I Ó N durante ¡¡dos horas!! Y nadie se daba cuenta, o les daba igual… no se… menos mal que nos dio la risa y empezamos a inventarnos letras, y por lo menos las vistas eran preciosas.

15106127460_d6993fd412_zAl llegar a La Paz, nos fuimos directos a agarrar el bus hacia Copacabana, y llegamos el mismo día, justo a tiempo de ver el atardecer en el Lago Titicaca, todo un espectáculo.

Esta es una ciudad preciosa y baratísima, no pensábamos que sería tan barata al ser turística, pero la calidad de los servicios era mejor que en el resto de las ciudades que hemos estado en comparación con el precio, tanto en alojamiento como en comida.

Esa noche fuimos a buscar un sitio donde tomarnos una cervecita y nos encontramos con Noemí, nuestra amiga coreana que conocimos en La Paz, fue un gran reencuentro, e intuíamos que no iba a ser el último.

Al día siguiente contratamos un barco para el Lago Titicaca y La Isla del Sol, y en el conocimos a una pareja italiana muy simpática (Anna y Andrea) que estaban de vacaciones y un chileno (Héctor) que está viajando en moto desde Chile hasta Perú.

15270463866_41dd85f164_zLa Isla del Sol es muy linda, y el Lago también. Fue un paseo agradable en barco y después visitamos la Roca Sagrada, Chincana, la Mesa Ritual, el Jardín del Inca, Las Escalinatas de Yumani, y lo mejor: nos tomamos una cervecita “Huari”  frente al lago mientras esperábamos el barco de vuelta.

De aquí cruzamos a Perú, y resulta que a Chema casi no le deja entrar el funcionario de la frontera, porque su pasaporte se despegó en Ushuaia (por lo visto los pasaportes hechos en el 2008 en España vienen defectuosos y se despegan), y él le echó “la gotita” (superglue), pero se supone que no se puede alterar el pasaporte, hay que hacer uno nuevo, y hasta este momento nadie se había dado cuenta, pero este señor sí lo vio… así que después de hablar un rato con él, Chema le dijo que iba a pedir uno nuevo en Lima, y le dejó pasar. Menos mal… Por lo tanto, tenemos que volver a hacer gestiones con el consulado español.

En Puno nos esperaba Iván, nuestro anfitrión de Cs, que vive con su familia. Es un chico super agradable, y una caja de sorpresas. En su casa había muy buen ambiente y su familia es encantadora. Algo que nos gusta mucho de esta ciudad es que hay mototaxis (tuc tuc), son divertidas, rápidas y baratas. No se ven en todo Perú, pero cuando hay, es el medio de transporte que usamos, nos encanta.

Fuimos al puerto a contratar el tour por las Islas (que es donde sale más barato contratarlo). Incluía el barco, alojamiento y las 3 comidas, por 60 soles cada uno (que viene a ser 15 €). En el barco conocimos a Maria Luisa y Raffaele, que llevan viajando desde el 7 de Noviembre también ¡qué casualidad!

Ellos empezaron por México y van a bajar por donde nosotros subimos, así que nos ha venido muy bien a los 4, porque hemos intercambiado muchísima información.

Primero visitamos las Islas flotantes de los Uros y nos explicaron como se construyen, de qué y cómo viven.

En la isla Amantaní dormimos en la misma casa con los italianos y con David y Assaf, dos estadounidenses que son padre e hijo y están de vacaciones en Perú.

La Isla es preciosa, tranquila y segura, paseamos, vimos a la Pachamama, al Pachatata y algunas ruinas. Al día siguiente visitamos otra isla, Taquile, también preciosa y volvimos a Puno.

En el viaje en bus desde Puno a Arequipa, veíamos las montaña llenas de personas con cometas, y nos explicaron en el bus que Agosto es el mes del viento en Perú, y se hacen concursos de cometas. Compiten en 2 categorías: la que vuela más alto y la que es más original y colorida.

Llegamos a Arequipa, donde nos esperaba un couch, pero no nos respondió, así que buscamos un hostel limpio, barato y céntrico, regateamos y allí nos instalamos. A esta ciudad la llaman La Ciudad Blanca, por sus construcciones en sillar, una piedra volcánica, y está llena de conventos, iglesias y casonas. El centro de la ciudad es precioso, por algo es Patrimonio Cultural de la Humanidad. Además está rodeada de montañas y volcanes (Misti, Chachani y Pichu Pichu). Por la noche tiene mucha marcha, bares, discotecas, y las calles llenas de gente.

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Hay unos restaurantes típicos que se llaman picanterías, y vimos uno que nos gustó el nombre: El Cebillano (que no es por Sevilla, si no por el Cebiche, nuestro amadísimo cebiche…). Es muy típico el helado de queso, pero no nos ha gustado mucho, porque sabe a Canela más que a queso.

Visitamos el mirador de Yanahuara, que está en una zona muy “pituca” (pija en peruano), y con una plaza muy linda. Tiene unas vistas muy bonitas de la ciudad.

Como siempre, el mercado es la opción más económica para comer, y además allí todo es fresco, así que fuimos a comer al sitio de cebiche que estaba más lleno de gente. Ummmm que maravilla…

15110644498_a63c9a0d00_zQuedamos con Nick, un couch que se puso en contacto con nosotros por si necesitábamos algo y estuvimos saliendo con él y nos enseñó miradores, sitios típicos para comer, etc. Comimos con él el mejor chicharrón de chancho que hemos probado, y terminamos en su casa viendo la película peruana “¡Asumare!”.

Agarramos un bus para Cusco, el más barato, y nos estuvimos arrepintiendo hasta que llegamos, terrible viaje, terrible compañía, terrible conductor… a partir de ahora tendremos más cuidado al elegir.

Buscamos el hostel donde se alojaba nuestra amiga coreana Noemí, la que conocimos en La Paz y nos reencontramos por casualidad en Copacabana, y allí estuvimos alojados, en una habitación privada preciosa, en el ático, con unas vistas increíbles de la ciudad, por 50 soles la noche con desayuno incluido (unos 12 €).

Cuando fuimos a informarnos acerca de las formas de llegar a Machupicchu, nos dieron una mala noticia… en el pueblo por el que pasa el bus que llega a Aguas Calientes, estaban de paro (huelga) y no se podía acceder de ninguna forma porque estaban bravos y era peligroso… ¡otro paro noooo! No nos lo podíamos creer… y había otras dos formas de llegar a Aguas Calientes, pero eran carísimas (con un tour de trekking de varios días o por tren), así que decidimos esperar a ver si terminaba el paro.

Estuvimos con Noemí, visitamos la ciudad, conocimos a los dos catalanes, Neus y Joseba, y Deborah la argentina, hicimos el free tour, recorrimos alrededores (Puca Pucara, Qenko, el templo de la Luna, el corazón de la pacha, el cristo y Sacsayhuamán).

En el free tour aprendimos varias cosas interesantes que nos contó el guía, como que Cusco es conocido como el ombligo del mundo, que pisco quiere decir ave en quechua, la forma de entrar y visitar lugares turísticos sin pagar, bebimos pisco sour y probamos dulces y té peruano, y nos llevó a un luthier, Sabino, que estuvo enseñándonos y explicándonos como hace los instrumentos y los estuvo tocando. Mi favorito el “Mari macho”, ¡suena muy bien! Tenemos que introducirlo en los verdiales…

15110949220_14d011ea00_zPara despedir a Noemí, nos fuimos a un restaurante a probar el cuy, que es lo que nosotros llamamos cobayaconejillo de indias en España, y en la cocina andina se come, y tengo que decir que está bien rico… da penita, pero está muy bueno. Sabe como a conejo o liebre.

Uno de los días, quedamos con Chalex, el chico de couch que nos iba a alojar en un principio, pero nos canceló porque no le venía bien finalmente, y resulta que tiene una asociación de montañismo. Nos recomendó visitar varios sitios que son gratuitos, y además nos ofreció un tour para hacer con un compañero suyo de la asociación de montañismo, pero al final decidimos que no queríamos estar tanto tiempo en Cusco (el tour era de 5 días y a pesar de que no era mucho dinero, nos suponía un gran gasto), porque con la huelga nos estábamos retrasando mucho.

En el hostel conocimos a una chica Colombiana y su novio vasco francés que llevaban también unos 10 meses, desde México hasta Perú, y nos contaron unas historias muy divertidas con piratas incluidos, y nos han dado muchos consejos de viaje.

Cansados de esperar a que terminara el paro, nos plantamos en Ollantaytambo, para intentar ir por las vías de tren caminando (era una 7 horas de caminata). Es una ruta que hacen muchos mochileros, pero resulta que está prohibida porque no hay espacio en algunos tramos cuando pasa e tren y además la policía estaba vigilando, porque hacía unas semanas el tren había atropellado a un extranjero. Al ver que no podíamos hacer ese recorrido aprovechamos para visitar las ruinas del pueblo, que no son gratis pero no había nadie en la puerta de salida y nos hicimos los gringos hasta que nos echaron.

Ese mismo día nos encontramos con David y Assaf en Ollantaytambo (qué pequeño es el mundo) y salimos de allí a la mañana siguiente a Chinchero, para visitar el pueblo (ahí no nos pudimos colar a las ruinas).

Como no íbamos a conseguir llegar al Machupicchu hasta que terminara la huelga, decidimos ir a Abancay, que es una ciudad que está a 4 horas de Cusco. Allí nos explicaron que se podían visitar varios parques y ruinas Incas. Visitamos el parque Santuario Nacional de Ampay, que es una isla biológica de los Andes, destinada a la protección del río Pachacaca y es uno de los últimos bosques de Intipa (conocido con “árbol de Sol”). Empezamos la ruta por la mañana tempranito, porque en teoría dura unas 7 horas, y llegamos sin problema a la Laguna Angasqcha, pero a partir de ahí no estaba tan claro el camino y nos perdimos (porque las vacas hacen falsos senderos y no hay ninguna indicación para los humanos). Finalmente llegamos a la Laguna Uspaqcha, que tiene e agua azul turquesa, pero a la vuelta por más que intentamos no perdernos, nos perdimos, y bien perdidos. Para colmo, empezó a llover y por si no era suficiente, comenzó a granizar. Terminamos llenos de plantas, barro y mojados hasta los huesos, pero lo bueno fue que vimos 3 Venados de Cola Blanca, así que volvimos medio contentos, sedientos y sucios, pero contentos.

En cuanto nos enteramos que habían “parado el paro”, agarramos el bus a Cusco para poder visitar por fin el Machupicchu. Han hecho una tregua hasta el 20 de Octubre para sentarse a hablar y ver si les conceden lo que piden (pagan muy caro el gas y son productores). Contratamos una furgoneta que nos llevaba junto con otros turistas a Hidroeléctrica, en Santa Teresa, de ahí nos fuimos andando junto a las vías del tren (aquí sí es legal) hasta Aguas Calientes. En la combi conocimos a Pedro y Cristina, una pareja de amigos cocineros ecuatorianos que estaban de vacaciones y compartimos mucha información y, junto con una pareja de franceses que estaban terminando su año sabático por el mundo, pasamos un viaje de 7 horas muy entretenido.

15301904985_1105156853_zEl camino es hermoso, la vegetación verde intenso y todo lleno de mariposas de todas clases y colores. Al llegar buscamos un hostal barato, compramos nuestras entradas al Machupichu y visitamos este pequeño pueblo. Esa madrugada nos levantamos bien temprano, porque queríamos buscar un sitio para desayunar y después subir al Machupichu para ver el amanecer. Encontramos una cafetería, nos tomamos un super desayuno y nos pusimos a las 4:15 en marcha hacía nuestra querida Montaña Vieja, pero resulta que hay que cruzar un río por un puente y ese puente estaba cerrado con candado hasta las 5:30… por lo que nos fuimos amontonando los turistas que pretendíamos ver el amanecer y cuando abrieron las puertas, ya no nos daba tiempo de llegar antes de que saliera el sol porque había que subir muchas escaleras después de eso, pero además daba igual, porque no abrían las ruinas hasta las 6:00 que ya era muuuuy de día, pero bueno, el madrugón nos sirvió para ver las ruinas con no demasiados turistas.

Volvimos a Cusco y después de comprarnos una carpa (tienda de campaña), al día siguiente nos dirigimos hacia Cachora (en Abancay), el pueblo que está más cerca de Choquequirao (“Cuna de oro” en quechua), unas ruinas que hasta hace poco no se han dado a conocer, y no son tan famosas como el Machupichu, pero porque el acceso es complicado. Está situado en el Cañón de Apurímac, las vistas son impresionantes y fue el último bastión de resistencia de los hijos del Sol, donde buscaron refugio durante más de 40 años tras la derrota de Manco Inca, el Inca rebelde.

La ruta es durísima, no pensábamos que sería tan difícil, pero el camino es siempre cuesta arriba o cuesta abajo, hay que atravesar las montañas hasta llegar a los distintas zonas de acampada, y seguir hasta que llegas a las ruinas, y cuando crees que estás dentro, y pagas tu entrada (la cual regateamos con el encargado) todavía te falta para llegar a las ruinas… Son 4 días de caminata (ida y vuelta) aproximadamente. Nosotros la íbamos a hacer en 3 días, pero encontramos unos arrieros con sus mulas que ya estaban contratados por un grupo de estadounidenses y volvían el mismo día que nosotros pero haciendo una parada más. Como volvían sin la comida, tenían hueco para poner nuestras mochilas y nos cobraban muy poco, y decidimos tardar un día más pero hacer el camino sin mochilas.

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Fue la mejor decisión, todo cambia sin el peso a la espalda.

Los camping son baratísimos (del orden de 1 € al día o medio € los dos y la carpa, dependiendo del camping), y tienen unas vistas espectaculares, pero la comida y agua es cara, por ello es recomendable que te lleves tu comida y pastillas potabilizadoras. Nosotros estuvimos los 4 días comiendo pan con palta (aguacate) y queso, muy rico, pero a la vuelta nos moríamos por comer un buen asado…

Cuando por fin llegamos de vuelta al mirador, no queríamos seguir andando, y llamamos a un taxi, al cual esperamos mientras nos tomábamos una cerveza fresquita (todo un lujo en Perú, porque la suelen tomar del tiempo). Este nos llevó a Cachora de vuelta, recogimos las mochilas y fuimos a coger un colectivo (autos que hacen función de bus y son más baratos que un taxi). Nos montamos 4 personas en el auto y metimos las mochilas en el maletero, y entonces el conductor, antes de salir, volvió a abrir el maletero y cuando miré para ver que iba a hacer, ¡vi como metía a una abuela en el maletero! Y la abuela me sonrió y me saludo.

Ahora estamos Nazca, una ciudad muy tranquila en la cual se encuentra la duna más alta del Perú y la segunda más grande del mundo. Y las famosas Líneas de Nazca, una cosa que nos tiene totalmente intrigados.

Para venir aquí, desde Abancay, nos dimos el lujo de venir en primera clase, porque no era mucha la diferencia y después de la paliza que nos hemos dado estas últimas semanas, nos lo merecíamos. Además el trayecto era nocturno, te daban cena y queríamos descansar.

Cuando llegamos a Nazca, en la Terminal de buses, se nos acercaron varias personas para ofrecernos alojamiento y un taxista para llevarnos, pero les dijimos a todos que ya teníamos casa, que teníamos un amigo (Edgardo, nuestro nuevo anfitrión de couchsurfing) y nos preguntaron si íbamos a casa de “Javier”, a lo que nos quedamos extrañados por la pregunta y contestamos que no, y nos dijeron: “ah ya! Entonces vais a lo de Edgardo!” y ahí sí nos quedamos locos, y les contestamos que sí y preguntamos como lo sabían, y es que resulta que Javier y Edgardo son conocidos en Nazca por alojar muchos turistas de Cs. Allí no entienden muy bien lo que es couchsurfing, pero piensan que es una casa para gringos, y muchas veces si ven a un turista desorientado le dicen que vaya a casa de Edgardo, porque según piensan muchos en Nasca, es una casa de turistas. Es muy gracioso.

Llegamos a su casa y aquí estamos, disfrutando de la tranquilidad, el buen clima y la increíble compañía de Edgardo, que es una persona con un corazón gigante y hospitalidad que nos está dejando alucinados.

15528086941_9bbf73d33b_zNos estaba esperando con un rico desayuno en la terraza y tenemos todas las comodidades que queremos. Además es astrólogo y trabaja en el planetario. Nos invitó a visitarlo esa noche y pudimos disfrutar de los planetas, estrellas, información de las Líneas de Nazca y visitamos también la habitación donde vivía Maria Reiche una matemática alemana que fue la madre de las Líneas, gracias a ella las líneas se salvaron y se dieron a conocer al mundo. Esta mujer dedicó su vida a estudiar y restaurar las Líneas, y todo lo que nos ha contado Edgardo da que pensar… que alucinante son todas las teorías que daba esta mujer…

Lo que más gracia me hizo fue que cuando esta mujer llegó a Nazca y se puso a preservar las Líneas, se iba al desierto a barrer y estudiar las distintas líneas, y en medio del desierto pasaba la carretera por la cual conducían los peruanos que alucinaban al ver a “una gringa barriendo el desierto” se tiraron muchos años los habitantes de Nazca pensando que era una alemana loca que quería limpiar el desierto, y lo que estaba haciendo era proteger estas líneas para poder estudiarlas y buscar una explicación del porqué. Esta señora estaba totalmente obsesionada y os podéis imaginar como se quedó cuando descubrió que uno de los dibujos era un mono con 9 dedos, y ¡ella tiene 9 dedos! Y coincide la mano en la cual tiene 4 dedos… muy loco el tema este de los dibujos, pero no os preocupéis que nosotros no nos vamos a quedar investigando.

En estos días van a llegar más couch a casa de Edgar y nos iremos con ellos a visitar las Líneas, museos y la duna, ya os contaremos que nos ha parecido.

Os mandamos un abrazo!!


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