“Ecuador ama la vida” 10


Hace más de un mes que no os contamos nuestras aventuras, y la razón es que al llegar a Quito, lo primero que hicimos fue gestionar el pasaporte de Chema (que en Ushuaia se le separaron las tapas de las hojas cuando le pusieron el sello del fin del mundo), para que estuviera lo antes posible. Una vez gestionado y visitado un poco de Quito, dejamos las mochilas grandes en casa de nuestros nuevos anfitriones (que no son de couch pero lo serán, porque tienen todo el espíritu) Pedro y Edgar, y nos fuimos a recorrer Ecuador mientras se hacía la documentación.

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A Pedro lo conocimos camino del Machu Picchu, que viajaba con su amiga Cristina. Íbamos en la misma combi, que tardaba 5 horas, y estuvimos charlando todo el camino de ida. Congeniamos rápidamente porque son súper simpáticos, y nos dieron sus contactos para cuando llegáramos a Ecuador, y eso hicimos, los contactamos y Pedro nos invitó a quedarnos en su casa.

15955173872_c31cd4e29b_zVive con su padre Edgar, que es un genio de hombre. Es un arquitecto muy simpático, relajado y tiene una conversación muy interesante. Con ellos hicimos ruta turística en Quito, nos llevaron Cristina y Pedro a visitar “Ciudad Mitad del Mundo“, la nueva sede de Unasur y a comer hornado (cerdo asado), y después con Edgar, nos llevaron a la Virgen del Panecillo, a la Ronda a comer empanada de morocho y canelazo, una ruta por el centro histórico que es Patrimonio Cultural de la Humanidad, visitando sus plazas, iglesias, la catedral y muchos sitios más.

De aquí, nos fuimos directamente a Esmeraldas, una ciudad costera en el Norte de Ecuador, con lindas playas y allí quedamos con Joel, que no nos podía alojar porque se iba esa misma noche, pero estuvo con nosotros todo el día. Nos ayudó a buscar un hostel bueno y barato (los bonitos son caros), y nos llevó a pasear por la ciudad, a la Playa de las palmas, donde comimos encocado de pata de burro y camaronesy subimos a la Universidad La Católica donde estaba su amigo Luis, un historiador sevillano que trabaja en la Universidad de Ecuador. Estuvimos con ellos en una plaza charlando hasta las 22:00 más o menos, y ya nos despedimos para irnos cada uno a nuestros quehaceres (el nuestro era dormir).

A la mañana siguiente nos fuimos al siguiente pueblo costero: Mompiche, un pueblito de pescadores donde nos quedamos en un camping y conocimos a un zaragozano (Alejandro) y un grupo argentino (Nano, Juli, Fran, Joaquín, Juan Pablo…) todos muy simpáticos. La mayoría de ellos son malabares y viajan todos juntos.

Al día siguiente pensábamos irnos porque el tiempo en este pueblo es bastante malo, pero nos fuimos con este grupo a la Playa Negra, y decidimos quedarnos un día más, por suerte, porque esa noche, ¡llegaron al camping Fede y Marian! otra de esas casualidades que nos ocurren en el viaje.

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Fede y Marian son nuestros amigos argentinos que conocimos en Tilcara, y resulta que viajan con este grupo de malabares por Sudamérica, de vez en cuando se separan y luego se vuelven a juntar.

Esa noche, cuando los pescadores vinieron de su faena, fueron a ayudarles con el pescado, consiguiendo a cambio muchísimo marisco y pescados gratis, que fue la cena de todos.

15771255907_de7c92ddf4_zAl día siguiente nos despedimos y fuimos a Bahía de Caráquez, donde nos esperaba nuestro nuevo couch, Leo, un mochilero, fotógrafo y que sabe vivir y disfrutar de la vida como nadie. Leo lleva viajando desde los 40 años de mochilero por toda Sudamérica, ha trabajado para el National Geographic y es un magnífico anfitrión, alegre y disfrutón, como a nosotros nos gusta. Nos llevó a conocer los mejores rincones de su ciudad, y no nos extraña que la ame tanto, porque es hermosa. Hemos disfrutado con él de puestas de sol increíbles, paisajes, playas y ¡¡comida riquísima!!. Nos invitó a comer unos bolones de chicharrón que nos encantó. La masa solo está hecha de verde (que es un tipo de plátano) y pueden estar rellenos de queso, camarones o chicharrones.

Todos los días tiene un ritual: ver el atardecer de su ciudad. Después se queda en un parque frente a la playa, en un banco al que llama: “su oficina”. ¡Lindo lugar de trabajo!. Y allí esperábamos a que llegaran sus amigos. Todos saben dónde lo pueden encontrar, y allí pasamos ratos muy divertidos, con un grupo de gente super sana y abierta: Luis Fernando, Juan, Bosco… Algunos fanáticos de Raphael y otros de Joaquín Sabina o Serrat.

Aquí averiguamos porqué la gente es tan fanática del Club de Fútbol Barcelona, ¡hasta se tatúan el escudo!. Ya una vez sabiendo la razón nos pareció más normal, y es que ellos tienen un equipo que se llama así, con el mismo escudo, pero es BSC, en vez de FCB.

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Visitamos un día Canoa y paramos en San Vicente para ver una panorámica de Bahía desde el frente, y volvimos a pasar nuestro último día con Leo.

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Nos fuimos a la mañana siguiente a Manta, donde dormimos en la playa Murciélago, frente a la comisaria de policía, en la carpa. Manta es una hermosa ciudad con grandes playas y un puerto internacional donde se explota la pesca del atún; es el primer puerto atunero del mundo. Esa noche, mientras Chema esperaba que yo volviera del supermercado, se le acercó un hombre y le puso en la mano un par de paquetes de galletas, y Chema le dijo: “hombre! gracias!” el hombre le hizo un gesto como diciendo que no era nada, y se fue. Le vería cara de hambre…15773685279_72fab0b712_z

A la mañana siguiente buscamos una cafetería para tomar café y el dueño nos regaló un par de croissant (otra vez cara de hambre…), y él y otro señor nos contaron muchas cosas sobre su ciudad.

Llegamos a Puerto López, que esperábamos que fuera una gran ciudad y parecía un pueblecito, estaba lleno de barro porque no paraba de llover y no hay asfalto. Allí buscamos el hostel más barato y que fuera limpio, y encontramos uno bastante bueno frente a la playa. Ese día no hicimos gran cosa por el mal tiempo, y decidimos que si al día siguiente seguía lloviendo continuaríamos viaje, porque era absurdo quedarse en un sitio de playa sin poder pisarla… pero por suerte al día siguiente hizo un día estupendo, así que nos pusimos el bañador y nos fuimos a la Playa de los Frailes, en el Parque Nacional de Machalilla, área protegida del Ecuador, por lo que no hay nada más que naturaleza y casi no había personas.

Llegamos a la playa en bus. Tienes que registrarte a la entrada del Parque, pero es gratuito, y hay dos caminos para llegar, uno es directo a la playa y puedes ir andando o en mototaxi, y el otro es más lindo pero más largo, serpentea a través de un bosque seco con árboles y cactus. Además hay formaciones rocosas, miradores, pequeñas bahías, acantilados, isletas y dos playas: Negra y la Tortuguita. No pudimos observar ballenas jorobadas porque no era la temporada, que es de Julio a Agosto, pero otra vez será.

A la vuelta a Puerto López, decidimos comprar comida en el mercado para cocinar en el hostel, y de camino escuchamos: “ehhhh!! chicos!!” y yo ni miré, porque ¿quién me va a conocer a mi en estos lares? y Chema se giró y saludó, y ¡¡resulta que eran Marian y Fede en mototaxi!! acababan de llegar a la ciudad y nos los volvíamos a encontrar. Creo que ya os lo he dicho, pero me encantan estas coincidencias.

Cenamos con ellos, y les acompañamos a montar la carpa en la playa, frente a nuestro hostel. A la mañana siguiente desayunamos y nos despedimos. Hasta la próxima que nos crucemos.

15338193814_a8e2359f33_zLlegamos a Olón, que está justo al lado de Montañita y nos dijeron que era más barato y lindo, pero ya no es tan barato, por lo que dimos un paseo por allí, comimos, vimos la playa y continuamos hasta Montañita, donde buscamos un hostel donde podíamos acampar por 5 dolares y usar las zonas comunes, y paseamos por la ciudad. No hacía muy buen tiempo y había muchos mosquitos (que nos comieron), nos pareció caro y demasiado turístico. Pasamos solo una noche, porque nos pareció suficiente y seguimos el camino.
De aquí fuimos directos a Guayaquil donde teníamos nueva anfitriona, Diana, una periodista chévere que estuvo hace años en casa de Mónica, nuestra couch de Osorno. Esa noche nos fuimos a comer pizza con Douglas (el enamorado de Diana) por la noche.

Con Diana hemos pasado un fin de semana buenísimo, nos enseñó a hacer patacones y tortas de yuca, nos ha enseñado lo más bonito de su ciudad: el malecón, museo de la música, barrio de las Peñas, Cerro Santa Ana y su Faro, y nos ha llevado a tomar cervezas, comer maduro con queso, cangrejos, un café delicioso y nos llevó al cine a ver Juegos del Hambre. Ha sido un fin de semana muy entretenido, además de que nos ha contado muchísimas cosas sobre la historia del Ecuador y su política.

De aquí nos fuimos a Riobamba y allí nos quedamos con Jipson, en su residencia de estudiantes, y a la vez se quedaba Francisco otro español de 45 años, que está recorriendo desde Ushuaia hasta Alaska en bicicleta, dejó su trabajo en el que llevaba unos 20 años trabajando, empacó todo y se lanzó a la aventura en Mayo del año pasado. ¡¡¡Solo hay que querer!!! Envidiable y admirable el viaje de este hombre.

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Con él paseamos por la ciudad y al día siguiente continuamos con nuestro viaje, él en su bici y nosotros en nuestro bus.

15961473902_0648cef366_zAl llegar a la Latacunga, no teníamos couch, pero estábamos a la espera de que Diana, una amiga de Juan y Mar (nuestros amigos malagueños que llevan 18 meses viajando por el mundo), nos contestara si podía alojarnos. Hicimos tiempo paseando por la ciudad y probando el corviche (verde con atún), un plato típico que teníamos ganas de probar.

Por fin contestó Diana y nos quedamos con ella y su maravillosa familia. Diana es genial, es pura alegría, siempre de buen humor e historias que compartir. Nos enseñó su consultorio de fisioterapia, y nos fuimos a visitar Quilotoa, una laguna en un volcán, creo que es la laguna más impresionante que hemos visto en este viaje. Durante el día va cambiando de color, desde el azul intenso hasta el verde esmeralda.

A la vuelta conocimos a una uruguaya-argentina, Camilia, que resulta que es amiga de nuestro amigo Jorge de Santiago de Chile, ¡¡qué pequeña es Sudamérica!!. A la vuelta a Latacunga nos fuimos con ella a tomar un café y a seguir charlando porque es recopada. De ahí nos fuimos a recoger a Diana a su consultorio, y por el camino nos encontramos a Francisco que ya había llegado en bici, así que nos juntamos todos a pasear y tomar cervezas.

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Y, por fin, al día siguiente partimos hacia Baños. Y digo por fin porque llevaba soñando con visitar esta pequeña ciudad rodeada de montañas y un gran volcán desde mucho antes de empezar este viaje. Baños fue nombrada por el Fondo Mundial para la Naturaleza como “Un Regalo para la Tierra”, imaginaos como es…

Antes de llegar, paramos en Ambato y Pelileo, y de ahí llegamos Baños de Agua Santa, a casa de Patricio, nuestro nuevo couch y amigo. Patricio comparte el piso con Emeric y Priscila, una pareja franco-colombiana que son masajistas.

Al día siguiente subimos a la casa en el árbol, donde tienen un columpio con unas vistas preciosas al volcán Tungurahua, que está activo. De ahí nos fuimos caminando hasta el Café del Cielo, un lugar maravillosamente caro, que vimos por fuera, y por último llegamos al Mirador de la Virgen, que tiene una escalera que llega hasta la ciudad de nuevo.

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Ese día ya no nos dio tiempo de visitar las cascadas y lo dejamos para el día siguiente, Lo ideal es alquilar una bici y recorrer toda la ruta de las cascadas, pero nosotros ya no podemos gastar tanto, así que fuimos caminando y en auto. Las cascadas que visitamos fueron las que nos habían recomendado como las más hermosas, y las que están más alejadas de Baños: Machay y Pailón del Diablo.

La naturaleza está muy apretada y verde en esta parte del mundo, y hay cascadas por todas partes.

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En Baños coincidimos con las fiestas de la cantonización, y a la vuelta de las cascadas vimos el pasacalles con Priscila y Emeric, tomando ron con jugos de papaya y maracuyá. Cuando terminó nos fuimos a la Piscina de La Virgen, que es de aguas termales.

Al llegar a la puerta, Emeric le dijo al portero que íbamos a trabajar, dando masajes, y entramos gratis. Nos bañamos en las aguas termales y nos regalaron un masaje. De ahí nos fuimos directamente de bares con ellos.

La última noche en Baños, llamamos a Isabel, la tía de Pedro, que vive en Puyo, nuestro siguiente destino, y nos había invitado a ir a su casa, y casualmente estaba ese día en Baños, con la madre de Pedro, Monserrat, y otro de sus hermanos con su mujer. Habían ido a pasar el día y se volvía ella sola al día siguiente, así que nos fuimos con ella, después de comer con Patricio, Emeric y Priscila para despedirnos de estos tres personajes tan divertidos.

Isabel vive con su hijo Patricio en un sitio espectacular, una finca preciosa en medio de la selva, con 4 perros muy entretenidos que siempre estaban haciendo de las suyas.

Es una mujer encantadora y se ha portado muy bien con nosotros, nos ha enseñado su ciudad, nos ha llevado a comer a los mejores sitios y nos hemos sentido como parte de la familia.

Uno de los días visitamos Tena, de la región amazónica, y el Puerto Misahuallí que es un balneario de río con arena blanca y blanda, en el cual tienes que tener cuidado con los monos capuchinos porque te roban al mínimo descuido, pero son muy cómicos. En ese trayecto conocimos a José Luis, un ecuatoriano que estuvo viviendo 11 años en Estepona, dueño de una hostería que se llama Oro y Luna, un lugar fantástico junto al río Anzu donde respetan la naturaleza y además están repoblando la zona con papagayos, y con muchos tipos de orquídeas.

15956011515_4207142b08_zA la vuelta del tour selvático nos despedimos de Isabel y nos volvimos a Quito para recoger el pasaporte de Chema. Hemos llegado justo para las fiestas de la ciudad, la cual se llena de bandas y escenarios, música, comida y chivas (vehículos representativos de la cultura costeña, desprovistos de ventanas y puertas donde se hacen fiestas, a veces con bandas o con música).

Ahora estamos disfrutando de esta ciudad con la compañía de Edgar y Pedro, que ya son buenos amigos. Son dos personas súper generosas y gracias a ellos vamos a tener un recuerdo único de esta ciudad.

De aquí iremos a Ibarra e intentaremos llegar a Colombia antes de Navidad, porque queremos pasar allí las fiestas, con nuestros amigos colombianos, con los que nos vamos a reencontrar.

Seguimos con la vuelta al mundo y cada vez más cerca de Centro América.

Un abrazo!!!


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