Laura Siete Tornillos 2


A punto estuvimos de no renovar el seguro con Ocaso Oro, un seguro de decesos que tiene cobertura en viajes. Por suerte, Roberto, nuestro agente de seguros nos convenció, porque nosotros nos sentíamos indestructibles, sanos y fuertes, y nunca habíamos tenido que usarlo, por lo que pensamos que nos lo podíamos ahorrar e ir por nuestra cuenta.

Finalmente renovamos y por casualidades de la vida, acabamos en Estados Unidos, un destino que nunca nos atrajo, y allí fue donde tuvo lugar uno de los peores días de nuestra vida: tuve un accidente y me rompí el hueso Radio de la mano derecha.

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Nunca olvidaré las palabras del enfermero de urgencias: “surgery“. Entré en shock y me sentí dentro de una película americana sin subtítulos, y me llegaron de golpe todos los miedos porque pensé que no lo iba a cubrir el seguro, o que nos iba a decir que lo pagáramos primero nosotros (imaginaos cuanto puede costar una operación de urgencia en un hospital que parece un hotel de 5 estrellas en California…).

El problema era la letra pequeña del contrato, que claro da pié a interpretaciones, y yo no estaba para pensar con ese dolor tan grande que tenía en la mano. Según una de las clausulas, el seguro no nos cubría prótesis, y en la operación había que poner una placa y siete tornillos, que son prótesis, pero ¿qué podía hacer si el médico decía que tenía que operar o podrían quedar deformidades en la mano si me ponía una escayola de toda la vida? Nos pusimos en contacto con mi tía Ángeles (que es médico en España) y con nuestra amiga Silvia (médico en México), las dos me dijeron que era mejor operar, tanto por el resultado como por la recuperación y rehabilitación.

Si te operas, te dejan el hueso derechito, a la semana ya te están quitando los puntos y empiezas con la rehabilitación, con lo que apenas te duele y recuperas prácticamente el 100% de la movilidad de la mano, te queda una pequeña cicatriz, pero eso es mucho mejor que perder movimiento en mi mano derecha.

Si te ponen escayola, tardan unos 6 meses en quitártela (y yo viajando), es un engorro para la ducha, te molesta, te pica, no puedes usar la mano… además te puede soldar mal el hueso y la rehabilitación después de tantos meses sin moverla es muy dolorosa.

El médico insistía en que si fuera su mujer la que se hubiera accidentado, él no dudaría en hacerle la operación. El seguro decía que nosotros tendríamos que pagar las prótesis y ellos se encargaban del resto, así que no nos quedó más que preguntar cuánto nos costarían los tornillos y la placa, y nos dijeron que nos darían la respuesta en breve.

A los 15 minutos o así, entró la Administradora del hospital (una señora muy coqueta de unos 50 años) con su ayudante a mi habitación y me dijo que según las cláusulas de mi seguro, esto era una urgencia y tenían que correr con todos los gastos. Lloré. No se si os podéis imaginar el alivio tan grande que sentí, a pesar de que iba a ser la primera operación de mi vida y no era en mi hogar. Estaba aterrada, pero aliviada, porque solo tenía que seguir siendo parte de una mala película sin subtitulos, ya nada dependía de mi.

En ese momento nos relajamos y nos dejamos mimar, porque hasta ese momento cada vez que me ofrecían algo yo decía que no, por miedo a que luego me lo quisieran cobrar todo. No quise intérprete (luego supe que es gratis), no quise medicamentos (te los ofrecen todo el tiempo, porque ellos no están muy acostumbrados a soportar el dolor) y ¡casi no quería que me sonriera la enfermera!. Cada vez que me ofrecía una almohada más o una manta caliente, pensaba ¿cuánto costará?.

Este mal día se convirtió en una experiencia más, una herida de guerra que me recuerda que no somos indestructibles, y que de todo se sale y todo se supera. Además, es el recuerdo patente de que ésto ocurrió de verdad.

No tienes que tener miedo a viajar porque te pueda pasar algo malo, porque por cada cosa mala que te pueda pasar, hay millones de cosas buenas y total, todos vamos a enfermar o accidentarnos algún día. Lo bueno es que lo que tenga que pasar pase viviendo como uno quiere, sin miedos.

De camino a la sala de operaciones, me crucé con el enfermero de urgencias que me dijo que me tenían que operar, me miró con cara de pena, me dio la mano (la izquierda claro) y me dijo “good luck”. Fue muy dramático, se me caían los lagrimones, y pensaba “espero que tenga un final feliz esta película que me estoy tragando…”.

En la sala de operaciones tuvieron el detalle de poner una enfermera latina, que me lo fue explicando todo en español, me pusieron la mascarilla y me dijeron que respirara con tranquilidad. Creo que en la segunda respiración me quedé frita, y no recuerdo haber soñado ni nada.

13234661_10209512197381160_945520425_oEsa misma enfermera me empezó a llamar “¡Laura! ¡Laura! ¿Estás despierta?” y no se que barbaridad le pude contestar, porque estaba tan dormida que no quería que me despertara, que me dijo: “¡¿qué?! Laura, te tienes que despertar ya” y me acordé de donde estaba, y al intentar contestar, me di cuenta de que me dolía mucho la garganta (porque me había entubado), y le pedí agua. Me la trajo y empezó a hacerme muchas preguntas, cuándo naciste, de dónde eres, cómo te llamas… ¡¡ayyy!! tan pesada… yo solo quería dormir… pero ya me vi el brazo vendado y me dijo que todo había salido bien, y ahí me llevaron a mi cuarto de nuevo, donde me pusieron un zumito de naranja que pedí al despertarme (ya sabía que no me iban a cobrar nada), y a Chema le traían lo mismo que a mi. Me pusieron mantitas calentitas, con mi zumito y la comida que estaba deliciosa: salmón al horno con verduritas y puré de patatas. Chema triunfó porque sin estar enfermito le dieron de todo igual que a mi, una mantita, una almohada, la comida y el zumito.

La enfermera se despidió de mi porque terminaba su turno y me presentó a la nueva enfermera. Allí pasé unas horas más hasta que me dieron el alta y vino mi querida amiga Leslie a por nosotros.

En las siguientes semanas tuve dos visitas más al especialista (el médico que me operó), en las que me quitaron los puntos, me pusieron una férula y me dijeron que movimientos tenía que ir haciendo con la mano. Fue muy rápida la recuperación, y cuando volví a España, pedí cita con el especialista y me dijo que estaba muy bien hecha la operación y la rehabilitación, así que todo terminó muy bien.

Una experiencia y siete tornillos más a nuestra vida.

 


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2 ideas sobre “Laura Siete Tornillos

  • Nick Falcón

    Guauu, no me sabia estos detalles del accidente Laura!! Y mi pata Chema seguro desesperado también. Demonios entonces siempre es bueno comprar el seguro de viajes jeje 🙂 pucha mare me dio cierta cólera por lo que tuvieron que pasar, pero tambien alegría de que al final todo salió bien, saludos hasta el otro lado del Pacífico!!

  • Roberto J. Madrigal

    Con vuestro permiso, lo comparto. Yo soy el culpable de todo, básicamente, el que les hizo el seguro, jaja. 😉
    Yo voy a contar mi versión (por suerte se olvidaron de decirme el resto cuando se les gestionó todo con el hospital, es así… solo nos dicen las cosas cuando hay un problema, pero no cuando van bien y se solucionan).
    A estos buenos hombres, que se volvieron medio locos y casi sin conexión para intercambiar whatsapp, les hicimos las gestiones para que el seguro los llamara (a expensas de lo de las prótesis, que sí viene en el condicionado general, capítulo exclusiones… pero esto era un gasto necesario), se pusiera en contacto con la clínica y se hicieran cargo de los gastos.
    No sé cuánto tiempo estuviste hospitalizada, si hubieran sido más de cinco días, el seguro hubiera reembolsado los gastos de alojamiento y estancia de un familiar (aparte de Chema) que se hubiera desplazado desde España.
    Las historias nunca pasan, pero ya no es que de repente te tengan que operar, sino que me digan quién está libre de ponerse enfermo y que no necesite acudir a un médico.
    ¡Me alegro! Besos,