Ring Ring Raja!! 4


En Valdivia hay una pequeña isla que se llama Mancera, y resulta que Nacha tiene un amigo que tiene allí una casa con dos perros y dos gatos, y nos invitó a ir con ella. Fue una odisea llegar al barco, porque el bus se retrasó y teníamos que recoger las llaves antes de montarnos en el último barco que salía a las 18:00. Nos dividimos para no quedarnos en tierra y mandamos a Chema a convencer al capitán del barco para que no se fueran sin nosotras y mientras nosotras corrimos en busca de las llaves. Llegamos al embarcadero corriendo a las 18:25 y ¡¡veíamos a lo lejos como el barco partía sin nosotros!! no nos lo podíamos creer… y empezamos a hacerle señas, saltando y gritando, pensando que no serviría de nada, porque veíamos a Chema sentado en el embarcadero con cara pesimista, pero de repente, el barco empezó a girar y ¡¡volvió a por nosotros!! ¡¡yujuuu!! eso sí, nos cobraron más por todo el lío que les hicimos, pero aún así seguía siendo barato y conseguimos ir a la Isla.

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Llegamos de noche y nos fuimos directos a la casa. Esta isla tiene una extensión de 1.300 m de norte a noreste y 650 m de ancho, y en la parte central se forma un cerro de 89 msnm. Cenamos y nos vimos una película chilena (“te creís la más guapa pero erís la más puta“) mientras había una tormenta alucinante. Por la mañana nos despertamos tempranito e intentamos buscar un sitio donde comprar pan para e desayuno. En un rato ya le habíamos dado la vuelta a la isla y no había ninguna tienda, así que decidimos llamar a las casas y preguntar si alguien nos podía vender pan. Nos fueron mandando de una casa a otra, hasta que una señora muy amable nos vendió un pan gigante y buenísimo. Desayunamos, nos fuimos al Fuerte, a la playa y subimos hasta el cerro más alto que es donde hay que ir en caso de alerta tsunami.

Comimos y casi llegamos tarde otra vez al barco…menos mal que llegamos a tiempo, porque nos dijeron que era el último en esos días a causa del temporal que estaba llegando a Valdivia.

Esa noche dormimos en casa de Germán, el novio de Cami, y por el día encontramos un couch con Paola, Jorge y May, una familia encantadora. Paola y Jorge son dos aventureros que recorriendo Latinoamérica se quedaron embarazados y decidieron volver a Chile a criar a su niña.

La primera noche nos invitaron a casa de sus amigos, donde charlamos y comimos empanadas y guacamole. Al día siguiente les hicimos ajo blanco y May disfrutó como una enana mojando pan. Nunca había visto a nadie disfrutar tanto comiendo ajo blanco, decía: “¡ummm es como helado!” mientras se pringaba hasta los sobacos.

Con ellos pasamos unos días muy entretenidos, nos llevaron a la selva valdiviana a hacer senderismo y comimos el mejor pan con chicharrones. Germán nos invitó a comer a su casa, y su mamá hizo un strudel de manzana delicioso. Nos despedimos de nuestros amigos en La Última Frontera, que es un bar universitario con “mucha onda po weón!“, como dirían aquí, y nos fuimos a Santiago, donde nos estaba esperando Patricia, nuestra nueva anfitriona.

Patricia es una socióloga que juega al fútbol sala y ¡es re simpática! Con ella, sus compañeros de piso (Luna, Seba y Rubén) y amigos (Claudio y Juan Pablo, que también es su primo), tomábamos la once (merienda en Chile) todos los días. Os voy a explicar de dónde viene la palabra “once” según nos han explicado varias personas que hemos ido conociendo, porque nos encantó la explicación:

Esta palabra provendría de la costumbre de un club de damas que se reunían a mitad de tarde para compartir té y galletas, acompañadas con un trago de aguardiente a finales del siglo XIX. Debido a la existencia de restricciones para beber alcohol y a que eran unas damas, llamaban once a tal comida por la cantidad de letras (11) que posee la palabra aguardiente y así disimular.

Allí estuvimos tres noches y nos fuimos a casa de Jorge, un amigo de Jorge, Paola y May de Valdivia, que vive con su novia Melina, Marine, Aude y Sebastián que nos hizo lentejas buenísimas.

En este apartamento, situado en Lastarria, una zona buenísima en Santiago, es genial, hay muy buena onda y siempre hay gente, vino y entretenimiento.

Jorge tiene una cafetería llamada: “Café del Negro“, en la cual se hacen muchas reuniones de Cs. Es pequeña pero muy linda y acogedora, además nos encanta porque tiene un millón de juegos frikis. Estuvimos allí jugando con Jonathan a “Mundodisco” y nos tomamos un café riquísimo, hasta que llegó Jorge con Melina. Compramos pizza, nos llevamos un par de juegos y nos fuimos al piso, donde estaban Sebastián, Macarena, Camila y Miguel. Estuvimos jugando a “Juego de Tronos” y bebiendo vino hasta las 5:30 de la mañana.

Jorge ha tenido una vida atípica, nació­ en una familia de revolucionarios – guerrilleros de los 70 y 80. Creció entre sueños de libertad y la creación del hombre nuevo, es decir que no fue preparado para el mundo de libre mercado en el que hoy vive. Tiene unas historias que nos dejaron con la boca abierta, una de ellas es que sus padres estuvieron implicados en el secuestro de Edwars, con el FPMR que fue el mismo grupo que atentó contra Pinochet en el Cajón del Maipo. Tras ello, fueron detenidos y torturados los tres, siendo él un adolescente. Ésta es una de las historias que está relatando en su libro. Además es un aventurero y está planeando dar la vuelta al mundo.

El Sábado comimos en el mercado, paseamos y tomamos un cocktail en The Clinic, un bar muy chulo con la decoración alternativa y lleno de graffitis y murales.

A la noche conocimos a Francisca, una Cs a la que queríamos conocer porque es amiga de Lucas. Paseamos con ella por Bellavista, cenamos y nos fuimos tempranito al piso para descansar.

En Santiago nos ha dado tiempo de pasear, ir al teatro, hacer las gestiones de los consulados, comer helado en El Imperio de la Rosa, una de las heladerías más antiguas de Santiago, tomar el famoso terremoto en el bar más popular de Santiago (La Piojera) con Nacha, con Patricia fuimos a ver folklore chileno, cuecas, a La Casa Kaskada que es una casa ocupa y al concierto de ojo de vidrio con Juan Pablo y Pancho, con Sebas y Maca fuimos al concierto de Álvaro, un Cs de Valparaíso que es músico y tocaba en Santiago, y después nos fuimos a tomar vino los 5. Hemos subido a los dos cerros más turísticos de Santiago: San Cristobal y Santa Lucía, y hemos descubierto el Mote con Huesillo, que ¡¡es brígidoooo!! La chorrillana es otro inventazo, no es lo más sano del mundo pero es cuática.

En Santiago dejamos las mochilas grandes y con las pequeñitas nos fuimos a Llolleo – San Antonio, donde pedimos alojamiento porque Patricia es la mejor y nos ofreció dar un paseo por las alturas con su papá (¡¡gracias Darwin!!) porque es piloto en el aeródromo de Santo Domingo, que está muy cerquita de San Antonio. Gracias a ésto, conocimos a Gina, nuestra anfitriona y amiga de Llolleo. Con Gina hemos pasado unos días muy relajados, paseando por el pueblo, las playas e Isla Negra (donde Pablo Neruda tenía una casa). Gina y sus hijos (Rodrigo e Isabella) son encantadores y lo hemos pasado muy bien en este pueblo con la compañía de Fortunato (su magnífico gato) y Olfato (su compañera canina).

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De aquí nos fuimos en bus hasta Valparaíso, el oasis del graffiti. Es una ciudad laberíntica con escaleras de colores infinitas que te llevan a los 42 cerros, aunque también tienes la opción de ir en ascensor, solo que te puedes perder algún graffiti o mural magnifico por el camino.

Lo que más nos gusta de esta ciudad es que no hay ningún espacio vacío, hay arte por todas partes y muchos colores por todas las calles, es como pasear por un comic. Es una ciudad caótica pero bella, con calles que no llegan a ningún lugar, pero siempre hay algo que descubrir, un mirador, un bar, un graffiti, un perro vestido con chaleco que te acompaña como si te conociera de toda la vida… ¡es una ciudad cuática!

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En esta ciudad teníamos couch con Álvaro (el músico que os contaba antes), pero nos salió la oportunidad de ser voluntarios Casa Valparaíso Hostel con workaway y quisimos probar esta nueva experiencia. El trabajo consiste en trabajar un día sí y uno no, de 17:00 a 00:00 en recepción y a cambio nos dan desayuno, comida y cama.

Hoy es nuestro segundo día, así que como tenemos tiempo libre, hemos aprovechado para poner al día la web y organizarnos para próximos destinos.

Ya hemos visitado casi toda la ciudad. Nos hicimos un tour turístico que no tuvimos que pagar porque íbamos de parte del Hostel, hemos paseado por Viña del Mar y anoche salimos a celebrar mi cumpleaños que ha sido hoy.

¡Nos encanta Chile po weón! los chilenos son geniales y el país es tan largo que es muy diferente el Sur del Centro, y ya veremos el Norte.

Ya os contaré más cositas que seguro se nos olvidan. Un besoteeeee enorme!!


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