This is good!! 3


Algunos de vosotros ya sabe la razón por la cual hace tanto que no escribo en el blog, y lo que os adelanto es que hemos tenido dificultades técnicas, piedras en el camino o como lo queráis llamar. Pero no os preocupéis que todo ha salido bien e iré contándoos poco a poco qué ha sido de nosotros durante estos meses.

Empecemos por el principio que es donde me quedé: México y nuestra despedida de este increíble país que nos ha tratado de lujo y de donde nos llevamos muchos nuevos y buenísimos amigos.

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Estuvimos unos dos meses en Guadalajara, entre la casa de la gringa loca, la casa de Alex y Silvia, y el Lion Hostel, donde hacíamos un voluntariado a cambio de cama y desayuno. Lo último que os conté fue la llegada al hostel, donde lo pasábamos muy bien, porque siempre andábamos entretenidos con unos y otros. Los compañeros eran geniales, los clientes muy variopintos, y los visitantes muy divertidos.

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Allí teníamos de todo, un abogado cincuentón, una casi zombie que cada vez que salía del cuarto nos ponía los vellos de punta, un grupo de trabajadores (Cyber y Chon eran los mejores) que nos invitaban a cerveza y tacos todas las noches, un habitante de la noche adicto a los juegos de ordenador (Bryan que nos regaló un chocolate de Oaxaca buenísimo…), un indio (de la india) mujeriego que nos tenía entretenidos con sus historias de amor mexicano, un musculito hormonado, el equipo marihuana que andaba siempre fumado y una ratita del tamaño de un conejo bien “criao” que nos hacía visitas nocturnas.

Además teníamos los compañeros de voluntariado. David, un entrenador de blood bowl principiante con muy buenas aptitudes que se la pasaba por las noches jugando con Chema, Shivani, una linda chica de la India, Moi, un yucateco genial que quisimos llevarnos en nuestra mochila, y Leslie, nuestra chilanga favorita, a la que sí conseguimos llevarnos.

Los trabajadores del hostel eran Abraham, el mejor jefe que se puede tener, un tipo relajado y buena onda, adicto al mate, Paola, Nataly, Titi y Chela. Uno de los dueños del hostel, al único que conocimos, era Paco, buen tío, pero solo lo vimos en un par de ocasiones. Isaías y Rocko eran como parte del equipo o parte del mobiliario, siempre en la terraza, pidiendo al Tata, que en su motocicleta nos suministraba de cerveza, lloviera o tronara, con tempestad o huracanes (de hecho lo llamaron con el huracán Patricia para ponerlo a prueba, y apareció, con su chubasquero amarillo y su cubo de chelas bien frías). Al final de nuestra estancia allí, llegó la novia de Abraham, Savanah, un sol de chica, una cocinera estadounidense que siempre está sonriendo y de buen rollo.

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Uno de los días, estábamos aburridos en el hostel, David se quería rapar, y nos pusimos todos a experimentar como si no fueran nuestras las cabezas. Nos reímos tanto que se me caía la baba, porque Moi tenía muchas ganas de un corte de pelo de esos que se llevan ahora, de flequillo largo y resto rapadito, para luego poder peinarlo de varias formas, de hecho hasta buscamos en google un tipo guapito que llevaba ese peinado para copiarlo. Cada uno aportó un poco para el gran catástrofe estético, que culminó Abraham. Llegó tan seguro de sí mismo, dispuesto a arreglar el desastre que estábamos haciendo entre todos (creo que habíamos bebido mucho café y mate ese día…). Le pidió a David la maquinilla y sin preguntar ni mirar, la pasó por el lado izquierdo de su cabeza justo frente a Leslie, y cuando vi que los dos, Leslie y Abraham abrían mucho, pero mucho mucho, los ojos, fui corriendo a ver el destrozo que había hecho, y es que resulta que David ¡había puesto a cero la maquinilla! Y le había dejado una hermosa calva cuadrada oblicua que era la guinda de ese corte de pelo que le habíamos hecho entre todos al pobre Moi. Intentamos no reír, pero fue imposible, explotamos en risas todos menos Abraham y Moi, quien se creía que estábamos de broma y pensaba que estaba quedando genial. Corrió al baño para ver el resultado, aterrado y con risa nerviosa de “os voy a matar a todos como sea verdad”, con la suerte de que en ese baño había poca luz y no le pareció tan malo lo que le había ocurrido, pero luego lo fue mirando y se dio cuenta de que no tenía arreglo… Estuvo una semana sin salir del hostel, hasta que pudo ir rapidito y con una gorra al peluquero para suplicarle que lo arreglara de alguna manera porque tenía una entrevista de trabajo, y gracias al peluquero no nos mató.

Así pasábamos los días, en el hostel compartiendo risas, cartas, cervezas, mates y cafés en el patio, viendo películas con palomitas y pizza, noches de crepes y comida internacional, clases de artesanías, salidas a la zona del marcha (sobre todo Chapultepec), visitas de museos e iglesias, parques, mercadillos y bares, y tuvimos la suerte de recibir una visita de las que nos gustan a nosotros, de reencuentro. Vino a vernos al hostel nuestro amigo Lenin, el colombiano que viaja en bici por América y que conocimos en Guatemala.

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Alex y Silvia de vez en cuando nos sacaban de paseo, y uno de los días nos llevaron a Tequila (Jalisco), a pasear la ciudad, desayunar en el mercado un desayuno típico (¡qué rico café de olla! nunca lo olvidaré…) y visitar una destilería de tequila.

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Pensamos, a pesar de que no teníamos mucho dinero ya, que no nos podíamos ir de México sin ver su famosa lucha libre. Alex nos dijo que él nos acompañaba y al decirlo en el hostel, se apuntaron también David, Leslie y unas amigas suyas. Salimos los del hostel juntos y quedamos en el coliseo con Alex que llevaba a una amiga. Disfrutamos y nos reímos del espectáculo, que no es solo en el ring, puesto que se hace también un teatro en las gradas. Hay gradas de “pobres” y de “ricos”, y aunque la diferencia sea mínima en el precio, se la pasan todo rato cantándose unos a otros e insultándose pero con gracia. Los de abajo éramos los ricos y les gritábamos a los de arriba frases como por ejemplo: “¡tú madre limpia mi casa!” o “¡se os va el camión!”. Los de arriba nos gritaban cosas como: “¡los trajo su mamá!

Uno de los días nos fuimos de excursión con “Pollo” (David) al  Bosque de la Primavera, donde hay un río de agua caliente porque la zona es volcánica. Primero llegamos hasta el centro universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA) de la Universidad de Guadalajara, donde nos tomamos un café para esperar a que llegaran Rubi, Yayo, Diego y Dante, sus amigos frikis de biología. Caminamos, comimos y nos mojamos los pies en el río.

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Moi nos llevó la última semana que estuvimos en Guadalajara, junto con Savanna y un chico del hostel, al  lago Chapala, ya que al final no habíamos ido con la gringa loca de la mudanza, y allí pasamos el día paseando y conociendo turísticamente la ciudad.

Desayunamos tacos (los mejores los tacos “doraditos”: fríen la tortilla de maíz y quedan crujientes y sabrosos, acompañados de cebolla morada encurtida, qué rico…), comimos chapulines (son como grillos fritos con mucho chile), paseamos por el lago y nos comimos un helado al solecito.

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Pensamos que ya habíamos estado mucho tiempo en el hostel y coincidió que Silvia y Alex nos habían invitado a acompañarlos a Aguascalientes a pasar unos días y a la vuelta quedarnos en su casa hasta la salida a Tijuana, así que decidimos hablar con Abraham y cambiar los planes.
P1300534Los días que pasamos en Aguascalientes fueron geniales, y ¿a qué no sabéis como es el gentilicio de esta ciudad? Me encantó cuando nos lo dijeron: hidrocálido. Me encanta, de mayor quiero ser hidrocálida. Paseos por la ciudad, cena en el Codo (calle más concurrida de la ciudad), fiesta loca en casa de Melyna con Fernando y Alex, conocimos a la familia de Silvia que nos llevó a desayunar a un sitio muy típico en el barrio La Triana, en El Jardín del Encino (la plaza más antigua de la ciudad, de arquitectura muy andaluza y tiene una escultura de una gitana), y con Alex y su mamá probamos los famosos “bolillos con resistol”. Y volvimos a nuestra Guadalajara a pasar los últimos días antes de coger el vuelo a Tijuana, la ciudad más occidental de Latinoamérica y la ciudad fronteriza más visitada en el mundo, posiblemente porque parece el parque de atracciones para estadounidenses, la ciudad del pecado para los sedientos de experiencias “adultas”. Como dice la canción de Manu Chao “Welcome to Tijuana, tequila, sexo y marihuana…”. Uno de los motivos es que se puede beber a los 18 (en EEUU es a los 21) y además es todo más económico.

El vuelo a Tijuana fue rápido y vino a recogernos Antonio, nuestro couch allí, un mexicano muy dicharachero que adora a los malagueños porque su mejor amigo es un malagueño que conoció cuando vivía en Italia. Con Antonio tuvimos la oportunidad de conocer Tijuana y todas sus historias en tan solo tres días. Cuando salía de trabajar nos llevaba a conocer cada lugar, a comer la mejor comida y nos contaba historias muy interesantes sobre esta ciudad fronteriza. Alguna de las historias eran muy tristes, pero otras eran graciosas, como que por ejemplo la ensalada Caesar se inventó en Tijuana. Nos llevó al restaurante del hotel donde se inventó y nos contó como ocurrió. Resulta que un grupo de aviadores se presentaron es este restaurante cuando ya estaba cerrada la cocina, y le pidieron al dueño (un chef italiano) que les preparara algo rico para cenar, y éste se metió en la cocina y con lo que había hizo lo que pudo, quedando sus clientes encantados con el nuevo descubrimiento culinario. Volvieron en varias ocasiones pidiendo que les hiciera de nuevo esa ensalada que se inventó para ellos, hasta que este personaje decidió incluirla en su menú.

Nos llevó al cine (en el Centro Cultural de Tijuana), a ver un documental acerca del arte contemporáneo, llamado “El espejo del arte”, muy interesante y además salía nuestra amiga Marta en él. Nos encantó verla sin esperarlo en un cine en Tijuana.

Paseamos una noche por el malecón Bicentenario de Playas de Tijuana. Es un paseo de 4 km hermoso, lleno de grafitis, murales, esculturas y monumentos. Al final de este se encuentra el muro fronterizo con Estados Unidos, el cual se adentra en el océano, y este lugar es conocido como “El Parque de la Amistad”. Era un punto de encuentro entre familiares que se encontraban separadas a cada lado, separados por esta frontera, y se reunían para poder verse y abrazarse a través de las rejas, pero se cerró la parte estadounidense para que ésto dejara de ocurrir. Hay tres barreras de contención, iluminación de muy alta intensidad, detectores de movimiento, sensores electrónicos y equipos con visión nocturna conectados a la policía fronteriza estadounidense, así como vigilancia permanente con camionetas todoterreno, unidad de caballería y helicópteros artillados- Yo creo que es excesivo, parece que más que vigilar, quieran demostrar su poderío militar. Justo ahí, junto al muro, frente al océano, hay una plaza donde se encuentra el monumento de la división fronteriza del noroeste Mexico-EEUU, conocido como “la mojonera”, es un monumeto en forma de obelisco que hace recordar que muchos sueños se quedan entre esas rejas. Nos encontramos los nombres de los deportados escritos en las rejas, algunos han muerto tratando de cruzar la frontera, y según nos contó nuestro amigo Antonio, otros lucharon en el ejercito de los EEUU y a pesar de ello los deportaron tras regresar de la guerra, y no creo que el sueño de estas personas fuera ir a una guerra que no era suya… Aquí te encuentras mensajes como: “aquí es donde rebotan los sueños”, “también de este lado hay sueños” o “aquí es donde los sueños se convierten en pesadillas”.

Este muro es un símbolo de tristeza e indignación para el pueblo mexicano, esperemos que éste, al igual que otros muros, caiga algún día.

Esos días en Tijuana aprovechamos porque la gastronomía es muy buena y barata, y fuimos a comer tacos norteños (aquí los tacos son de carne asada al carbón y ¡están buenísimos!), marisco y tacos de pescado, acompañado de horchata granizada de coco, que me encanta…

La última noche vimos la cara más perversa de Tijuana. Paseamos por la zona Norte de la ciudad, que es la región pegada a la frontera con EEUU, está a unos metros de San Diego (California), que es una ciudad limpia y ordenada, pero aquí en Tijuana, en la zona Norte encuentras lo que quieras. Es la zona de prostitución, la que nunca cierra, abierta las 24 horas del día, los 7 días de la semana y los 365 días del año, esperando al que quiera divertirse (tacos, un show, sexo, drogas o rock and roll) . Nos llevó a varios bares, y uno de ellos era el que frecuentaba Jim Morrison. Allí tomamos una cerveza y seguimos con la ruta. Rapidita y sin sacar fotos, porque en el club de striptease Hong Kong por ejemplo no te lo permiten, y las prostitutas y travestís se pueden molestar.

Como hacía tantísimo calor y nuestra economía estaba cada vez peor, decidimos lanzarnos a cruzar a Estados Unidos, y nos daba miedo cruzar esa frontera porque durante todo el trayecto los viajeros nos contaban lo difícil que es que te dejen entrar. Por la mañana duchaditos, con nuestra Visa Wayver y toda la documentación que te piden, nos llevó Antonio a la frontera, al cruce de San Ysidro, que es el cruce fronterizo más transitado del planeta (unos 300.000 cruces fronterizos diarios). Allí nos encontramos con la mayor de las colas que hemos visto hasta ahora en alguna frontera. Nos pusimos a esperar, de pié, bajo el sol (a pesar de que eran como las 8 am, ya hacía muchísimo calor), y una pareja que iba con su bebé empezó a preguntarnos de donde éramos, porqué íbamos a EEUU y se reían cuando les contábamos que viajábamos por placer. Pensamos que íbamos a pasar horas en esa cola, y así fue, porque fueron 2 horas de espera, pero no fue tanto como esperábamos, no fue tan difícil ni dramático como nos lo habían pintado. Creo que es más fácil cruzar por tierra que por aire o barco. Primero esperamos pacientes en la cola que iba despacio, llegamos a una gran puerta de barrotes y cuando abrieron para la siguiente oleada de personas, comenzaron todos a correr y nosotros no íbamos a ser menos. Comenzamos a correr hasta que llegamos a unas 4 filas que llegaban a varios agentes de inmigración, y esperamos a que nos tocara y el agente nos preguntó donde estaba nuestro sello, y le respondimos que no teníamos sello porque habíamos entrado siguiendo a la gente. Nos explicó que nos habíamos saltado una ventanilla y que teníamos que retroceder a la entrada de esa puerta donde todos comenzaban a correr, así que mochila al hombro y empapados en sudor retrocedimos hasta el lugar que nos dijo el agente. Esperamos una cola y nos dijeron que teníamos que pagar en otra cola que también nos habíamos saltado… pagamos 6 $ en la ventanilla para el permiso I-94, y volvimos a la anterior cola para que nos sellaran la entrada. Llegamos a nuestro agente y nos preguntó de todo (en español), de donde éramos, porqué íbamos a Estados Unidos y qué teníamos pensado hacer allí, cuánto dinero teníamos, porqué había nacido en Argentina (no entendía que fuera española y hubiera nacido en Argentina, pero creo que no sabía muy bien que España estaba en Europa, porque se lo tuvimos que explicar varias veces)… Finalmente nos puso el sello, respiramos y nos fuimos a esperar de nuevo la última cola. Esa fue rapidita, y ni siquiera nos registraron. Y al fin llegamos a San Diego.

Otro día os contaré el periplo estadounidense, donde os aseguro que no os vais a aburrir, porque fue una detrás de otra, todo lo que no nos ha pasado en este viaje, nos ha pasado en este país de las oportunidades

…Próximamente en folkqueando….


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3 ideas sobre “This is good!!

  • Nick Falcón

    Mis malagueños salerosos!! Me dejaron con ganas de más!! Quiero más historias!!! No OS lo perdonaré, como puedes finalizar el post así Lauritaa … :'( … A esperar. Yo también quiero ser Hidrocalientee jaja por (Aguas calientes Cusco) saludos hasta Baños del Carmen!! Y Olé!!

  • Leslie

    Ey!! Me encanta ver las historias aquí y recordar muy muy buenos tiempos y reír de nuevo, hay cosas que no supero y reiré toda la vida!! Yo también quiero más de su historia, les mando un abrazo apachurrado! Los quiero….