¡¡Vacaaaaaaaaaaaaaaa!! 8


Hace más de un mes que no escribimos… y en realidad es buena señal (para nosotros) porque quiere decir que no hemos parado de disfrutar. Pero ya he buscado un hueco para escribirlo todo, tengo que contar tantas cosas que temo que se me olvide algo.

Empecemos por el principio, donde me quedé, en Guatemala:

De Retalhuleu nos fuimos a Quetzaltenango, a casa de un couchsurfer llamado Will, que vive en pleno centro de Xela, con muchos compañeros de Guatemala y Francia. El primer día, nada más llegar, nos abrió la puerta su compañero francés Braian, que habla un andalú perfecto. Es un chico muy simpático con unas historias muy divertidas de su época de erasmus en Sevilla.

Más tarde llegó Will y platicamos, tomamos cerveza y nos llevó a una exposición de un dibujante de cómic o algo así, donde nos invitaron a vino y aguardiente. En su casa tienen un club de cocina, donde les enseñamos a hacer el ajo blanco y les encantó, y ellos cocinaron también para nosotros, un pollo agridulce para chuparse los dedos.

Allí estuvimos solo dos noches, porque el codiciado paquete (por no llamarlo de otra forma) que nos había enviado Neus (¡¡gracias Neus!!) con mi nueva mochila y otras cosas que necesitábamos, había llegado y no queríamos esperar más a tenerla y continuar con nuestro viaje. Volvimos a Reu, pasamos el último fin de semana con Purita y compañía, y nos fuimos con nuestras cosas nuevas muy contentos.

Nos fuimos directos al Lago Atitlán, a San Juan La Laguna, un pueblo muy lindo y tranquilo de artesanos que está a orillas del lago. Allí nos quedamos con la Asociación Ixoq Ajkeem, una organización de mujeres indígenas de ascendencia maya Tz’utujilque que se han unido para elaborar y comercializar productos textiles, y nos ofrecieron quedarnos con una de sus socias para enseñarnos sobre su cultura y trabajo. Como nos encanta aprender de todo y empaparnos sobre el folclore y cultura de cada lugar, era el mejor sitio donde podíamos estar. Nos enseñaron sus instalaciones y nos presentaron a la socia con la que nos íbamos a quedar (Elena), que tenía dos jovencitas voluntarias suecas muy divertidas. La casa era grande y su familia también (sus 4 hijos, Leila, Lisbeth, Juana e Ian, y su marido Daniel) además de las dos voluntarias (Rebecca y Dorothy). Por las noches cenábamos todos juntos, y era muy divertido, porque además de que lo que más había era risas y carcajadas, también había historias y malentendidos por la mezcla de idiomas, porque Dorothy no habla muy bien el español (habla sueco) y Elena tampoco (habla zutujil), compartíamos café y comida.

Uno de los días paseamos por San Pedro (llegamos caminando porque está muy cerca) y Santiago, que son dos pueblos que están también a orillas del lago. Son mucho más turísticos que San Juan, y por eso no nos gustaron tanto, pero estuvo bien porque nos dimos un paseo en barca (en la que nos querían cobrar 5 veces más que a un local, solo por ser extranjeros, pero no lo consiguieron, porque ya sabíamos el precio). En la asociación nos enseñaron su trabajo, que es super interesante, desde el comienzo, que es la recolección del algodón y materiales orgánicos para teñir el hilo que sacan del algodón, hasta la elaboración del producto final. Lo que más me gustó es que aprendí sobre los tintes naturales cosas muy curiosas, como que de una misma planta salen dos colores, dependiendo de si hay luna llena o no, y que de la cochinita (ese bichito que se hace una bola) sale un tinte de un color muy lindo.

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Me quedé con las ganas de comprarles algo, pero no tengo espacio en la mochila… es nuestro handicap… pero nada, fotito y a la mochila de los recuerdos.

De aquí nos fuimos a San Lucas, otro pueblecito de las orillas del Lago también, en una camioneta que ellos llaman pick-up, que es el que usan los locales por ser muy económico, pero tienes que ir en el cajón de detrás de la camioneta junto con muchísimas personas más de pié.

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En San Lucas teníamos de nuevo un couch, Diego, que no estaba en casa, porque esa es su casa de descanso, él vive en Escuintla donde trabaja, pero los fines de semana y los días que descansa se va para allá. La casa es maravillosa, es un sueño, un sitio ideal para jubilarse o recuperarte de una depresión o algo así. Es una casita rosa fuxia con un jardincito delantero sin vallas ni muros, que tiene un caminito que llega a la puerta principal, y en frente: EL LAGO, sin nada que lo oculte, ahí mismo, a escasos 6 metros, con toda la naturaleza y colibríes por todas partes. En la parte trasera de la casa hay una montaña que es suya, es grandísimo el terreno, y tiene un huerto, árboles frutales, y un bosquecito que no llegamos a explorar. Allí esperamos a que llegara Marcelino, el vigilante de la casa. Diego, a pesar de no estar en la casa siempre, aloja a todos los viajeros que pasen por allí, le deja encargado a Marcelino que les abra y listo. Y así fue, nos abrió y esperamos a Diego que llegaba a la noche. Nos conocimos y desde el primer minuto parecíamos amigos de toda la vida (es lo que tiene couchsurfing, que te da la oportunidad de conocer amigos que no sabías que tenías), y nos invitó a tomar un café en un hotel muy lujoso que hay en una zona alta del pueblo con un mirador del lago precioso. Allí estuvimos haciendo tiempo a que Lala y Tanya avisaran de su llegada (dos viajeras uruguayas que llegaban esa misma noche), pero la noticia que tuvimos de ellas era que no habían conseguido llegar al pueblo porque venían a dedo y consiguieron llegar a otro que no tenía hostales ni transporte ni nada, y la policía no les quería ayudar. Así que Diego, que es un sol, decidió ir a por ellas (es un pueblo que está a una hora).

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A la mañana siguiente les hicimos un rico desayuno y sacamos la mesa al jardín, porque era delito no aprovechar ese espacio. Creo que estuvimos desayunando como 3 o 4 horas, de hecho, creo que no hacíamos otra cosa que desayunar, comer y cenar, porque era tan agradable ese lugar… ¡Ah! ¡¡y tomar mate!! porque Tanya, como buena uruguaya llevaba, y nosotros nos moríamos por volver a tomar mate. Charlando y charlando, llegamos a averiguar que tenemos amigos comunes, y ya sabéis como nos encantan esas coincidencias. Resulta que ellas trabajan en un hostal llamado Carabanchel en Punta del Diablo, y que nosotros conocemos muy bien, porque pasamos dos semanas en Punta del Diablo con Camilo y su familia, y ellas son amigas de Camilo, de Paulina, de María (¡¡¡amiga nuestra desde la infacia!!!), Fede y el Flaco, y de hecho a mi me sonaba la cara de Tanya, porque ella trabajaba en la barra por las noches, pero no llegamos a hablar nunca, pero vaya, que fue una coincidencia de las buenas.

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Ese mismo día llegaba otra española mochilera (Paloma), que casualmente nos encontramos en la plaza del pueblo buscando un teléfono público para llamar a Diego.

Esos días en casa de Diego fueron muy relajantes y tranquilos, otra vez estábamos de vacaciones de las vacaciones, pasando el día relajados, riendo, bañándonos en el lago, paseando por el pueblo, comiendo, tomando mate, y café con cardamomo. Celebré allí mi cumpleaños y nos pusimos las pilas para seguir el viaje hacia Lanquín, para poder visitar Semuc Champey, un lugar que después de haberlo visto en fotos, no nos podíamos perder.

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Para llegar a Lanquín a tiempo y no quedarnos por el camino (el transporte en Guatemala es bastante malo, barato, pero hay poco y está muy mal conectado el país) tuvimos que salir de San Lucas a las 4:30 am, ir hasta la capital y de ahí coger otro bus y después una combi. Estuvimos todo el día peleando, preguntando y atentos de no olvidarnos nada en los buses y no bajarnos donde no debíamos. Cuando llegamos a Ciudad de Guatemala, nos intentaron engañar para que tomáramos un taxi, y al principio casi lo consiguen porque nos decían que Guate es peligrosísimo, pero más peligroso es el taxi, ¡qué robo!…. ¡carísimo! ¡están locos! y no es precio gringo, es el precio normal. El taxista nos decía que costaba “uno setenta y cinco Quetzales“, con lo que yo estaba muy extrañada, ¿cómo iba a costar 1,75? era muy poco… hasta que me di cuenta que era su engaño, lo que costaba en realidad era ¡175 Qz! (unos 25 €). Así que preguntamos, preguntamos y preguntamos, y a pesar de que algunos nos dijeron que era peligroso coger el Transmilenio, es la forma más segura de moverse por la ciudad, y lo mejor es que cuesta solo 1 Qz.

Al fin llegamos a Lanquín, a una hora muy buena, y allí teníamos otra couch: Sucett, una chica super joven que está empezando a recibir viajeros. Soltamos las mochilas y nos fuimos a buscar un cajero para tener dinero para al día siguiente poder entrar a semuc Champey, y cual fue nuestra sorpresa cuando nos dijeron que en esta ciudad no había cajero y nosotros casi no teníamos dinero. Menos mal que llevábamos 40 dólares y los conseguimos cambiar en el único banco, que en teoría solo cambia a partir de 50$, pero nos hicieron el favor de hacernos el cambio. Pero de todas formas, tener el dinero justo nos vino muy bien, porque regateamos tanto que no gastamos casi nada en los tres días que estuvimos allí.

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Hay camionetas que salen por la mañana hacia Semuc Champey, y el precio normal para turistas es 25 Qz, y nosotros conseguimos que nos cobraran como locales, 10 Qz. La entrada al Semuc cuesta 50 Qz para turistas, pero conseguimos que nos cobraran como guatemaltecos, y pagamos 30 Qz, y a la vuelta el chófer quería cobrarnos más dinero porque veía que no teníamos otra salida, pero ¡se equivocaba! le pedimos a un tour que nos diera un aventón (que nos llevara gratis vaya), y el guía turístico que era muy buena onda accedió. Total, que en vez de pagar 200 Qz, nos salió todo por 80 Qz.

En Semuc subimos al mirador y después disfrutamos hasta la tarde bañándonos en el río que es muy bonito. Es un río muy caudaloso, peligroso por las corrientes y embudos que tiene, pero ahí no es donde te bañas, es en el puente natural de piedra caliza (de unos 300 metros de largo) que se forma sobre el mismo, que al estar sobre el río tiene agua pero sin corriente, se forman como pozas de agua cristalina, todo rodeado de bosque tropical, con cientos de especies de aves, mamíferos, peces, reptiles y anfibios.

 El siguiente destino era San Benito (Petén), queríamos ir directos porque ya nos quedaba poco tiempo de nuestra visa de turista en el C4, y queríamos acelerar y llegar a México, pero no sin antes conocer Tikal, una de los mayores yacimientos arqueológicos mayas. De camino, en la combi llena de turistas, intentamos vender pulseras, pero nada, por más que Chema gritaba: “ohhhh!! qué mariposas tan bonitas!!” ni de reojo nos miraban, pero en la parada que hicieron para que comiéramos se me acercaron corriendo las cocineras (me asustaron porque no sabía qué querían) porque estaban como locas con las mariposas, y casi no come nadie, porque dejaron la cocina para comprarme pulseras. Me dejaron la manga casi vacía y nos salió gratis la comida.

Llegamos justo a tiempo a San Benito, con la suerte de que la combi nos dejó muy cerca del barrio donde viven nuestros anfitriones allí, así que tomamos un tuctuc, antes de que anocheciera y nos dejó cerca de la casa de Gricelda y Jonathan, nuestros nuevos couch, que tienen dos hermosos hijos: Pablo y Emilio, y allí estaba otra couch, Aurora, una gallega encantadora y súper simpática. Echamos la noche conociéndonos, y Aurora viaja con su acordeón, que estuvo tocando un rato, y el resto del tiempo estuvimos compartiendo historias y consejos.

Pensábamos estar solo un par de noches allí, pero después de conocer a esta familia, decidimos quedarnos más porque son unas personas con las que merece la pena compartir y disfrutar de ellas. Gricelda es una mujer muy abierta, sincera y noble, Jonathan es un tío muy listo, observador y simpático, y sus hijos… ¡a cuál mejor! Pablo es puro amor, dulce y charlatán, y Emilio es muy pequeño, tiene como 1 año o así y ¡ya corre! es un valiente y siempre se ríe, si se cae ni te mira, se levanta y sigue corriendo, y cuando nadie le presta atención se sube al lugar más alto e inestable que tenga cerca y levanta las manos gritando: ¡¡Vacaaaaa!! y por supuesto, así consigue que todos le prestemos atención.

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En la casa de al lado vive María, la prima de Jonathan y la culpable de que esta familia se haya metido en couch. Ella tenía en su casa a dos couch: Maxim, nuestro ruso favorito, y Mía, una suiza muy habladora. Con ellos pasábamos los días, visitando Flores, cocinando, dando clases de macramé, tomando café o té, yendo a la marcha de Jimmy (el hermano de María es de un partido político de San Benito, y nos pidieron que les acompañáramos a una marcha apoyando a Jimmy. Fue divertido, nos invitaron a un bocadillo y un refresco y vendí una pulsera), y uno de los días, Mario (el hermano de María), nos llevó a una cueva a los cuatro, porque se quería ligar a Mía, y claro, ella no quería meterse en una cueva sola con él, y nos invitaron a todos. Después Mario se empeñó en que nos tomáramos unas cervezas en un antro que había de camino, pero lo que quería era emborrachar a Mía, cosa que no ocurrió, sin embargo él sí que se pilló una buena.

El último día fuimos a Tikal, y allí pasamos el día, disfrutando de la selva y las ruinas, Vimos monos aulladores, monos araña, pizotes, pavos reales y varios pájaros, lo único que no conseguimos ver fue el jaguar, y lo que sí vimos muy de cerca y en dos dimensiones fue un sapo que se puso debajo de mi pié… pobrecito, explotó como un globo…

Lo que más nos impresionó de este lugar es que está en medio de la selva, entonces en casi todo el trayecto estás solo, no rodeado de turistas, y cuando subes a la pirámide más alta (Templo de la Serpiente Bicéfala), puedes ver el horizonte verde y frondoso bajo el cielo azul, con todos esos aullidos de los monos y cantar de los pájaros, y esos templos mayas, que sobresalen entre las copas de los árboles de la selva, de aquella antigua ciudad maya… te sientes muy pequeño y grande a la vez.

Allí pude vender 3 pulseras, y en San Benito otras tantas, así que se puede decir que la entrada al Tikal nos salió gratuita.

El último día que pasamos con ellos me enfermé, pasé una noche muy mala con fiebre, y al día siguiente me fui muy preocupada de San Benito en dirección México porque creía que era Chikunguña. Mi sospecha tenía una razón, y es que resulta que justo cuando nosotros llegamos a San Benito, esta familia estaba pasando esta enfermedad (que solo la transmiten los mosquitos) y tomamos muchas precauciones (antimosquitos a tope y mosquitera para dormir), pero aún así nos picaron mucho.

El día del viaje, lo pasé muy mal. La verdad que viajar enfermo es lo peor, solo tienes ganas de tumbarte y dormir, y sin embargo tienes que cargar con las mochilas, el calor, los buses apretados e incómodos, las prisas y lo peor: las fronteras. Tuvimos que caminar para ir de una frontera a otra, bajo el sol, el peso de las mochilas y el mal cuerpo, y cuando llegamos al lado mexicano nos dijeron que no había cajeros ni cambistas, y lo único que podíamos hacer era volver al lado guatemalteco para cambiar allí… ¡maldición! respiramos hondo sin perder la sonrisa indispensable para poder cruzar las fronteras, y volvimos a cruzar andando la frontera para cambiar el dinero que teníamos y poder llegar a nuestro destino en México: Palenque, donde teníamos couch y no queríamos llegar demasiado tarde para encontrar la casa sin dificultad.

Finalmente nos despedimos de Guatemala para llegar a México y empezar una nueva etapa de viaje: Norte América.

Llevamos casi 20 meses de viaje y ya hemos recorrido Suramérica y Centro América. Ya hemos visitado varias ciudades y sitios fantásticos en México, hemos conocido gente increíble y estamos disfrutando de lo lindo de esta cultura y folclore, pero eso ya os lo contaré en el próximo post, porque si no va a resultar demasiado pesado este.

Prometo que no tardaré tanto en escribir como esta última vez, porque ahora hemos parado un mes a hacer un voluntariado en Guadalajara, y aquí sí voy a tener tiempo para contaros nuestro recorrido en este país.

¡¡Un abrazo y hasta pronto!!


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8 ideas sobre “¡¡Vacaaaaaaaaaaaaaaa!!

  • Marta

    Vas a extinguir a los sapos, ya es el segundo no? No te gustan? Jajajajaj. Me encanta leer lo que escribes, es tan ameno…. Pq no escribes un libro de tus aventuras? Y las fotos preciosas!!! Q pasada, q paisajes. Un beso guapa y te echamos mucho de menos

    • Laura Gómez Autor

      El segundo??? no recuerdo haber pisado otro sapoooo jajajaja espero que solo haya sido uno… si no me van a llamar matasapos!!
      Gracias guapa, me pasan tantas cosas que es fácil que sea entretenido 🙂
      Un besoteeee! yo te extraño muchoooo!!!

  • Cristina

    …y por fin la fiebre era chikunguña? El nombre es divertido….espero que pasaras pronto.

    Ja ja ja eres genial Laura, lo cuentas todo con una gracia tremenda.
    Una maravilla de viaje. Adelante pareja sois los mejores!!!

    • Laura Gómez Autor

      lo sabrás en el próximo post 😉 …próximamente en las aventuras de Laura y Chema… jejejeje
      Gracias Cristina!! me alegra muchísimo que os gusten nuestras historias, disfruto compartiéndolas pero más aún viviéndolas 🙂