Y ¡el presentimiento era bueno! 6


¡Qué grata sorpresa El Salvador! no podemos decir que no lo esperáramos, porque como dije en el anterior Post: “…tengo un buen presentimiento con este pequeño país“, y no nos hemos equivocado, todo lo que tiene de pequeño, lo tiene de lindo, y lo mejor: su gente. El salvadoreño es muy hospitalario, educado, bueno, atento, simpático y ¡un fiestero automático! No hemos escrito antes este post porque no hemos parado, siempre con algo que hacer, aguien a quién visitar, una montaña que subir, o una fiesta a la que asistir.

A ver si hago memoria y recuerdo todo lo que hemos hecho.

En León, Nicaragua, nos despedimos de nuestros amigos del hotel, y agarramos un bus hacia la frontera con Honduras, porque era la forma más económica de llegar a El Salvador. Normalmente es así, es menos cómodo, pero ahorramos bastante dinero. Si coges un bus directo, va de capital a capital, directo y con aire acondicionado, pero no es tan divertido e incierto que ir a la aventura sin saber dónde vas a terminar o a quien vas a conocer por el camino.

Agarramos el primer bus local que nos dejó en la frontera, y de ahí cruzamos caminando, donde agarramos una combi que nos llevaba a la frontera de El Salvador. Este trayecto se nos hizo bastante largo porque el chófer nos dijo que tardábamos 1 hora, y al final fue algo más de 2 horas. Por suerte conocimos un salvadoreño muy simpático en la combi que nos dio muchos tips de viaje y consejos para nuestra visita a su país, y ahí ya nos fuimos dando cuenta de lo hospitalarios que son. Cruzamos la frontera y nos fuimos corriendo a coger el último bus que salía a San Miguel, la primera ciudad en la que íbamos a pasar noche, porque ya no nos daba tiempo de llegar a El Cuco. Llegamos de noche a San Miguel y el conductor del bus nos dejó en la zona céntrica explicándonos dónde podíamos encontrar hoteles baratos, y efectivamente eran muy económicos. Elegimos el más nuevo, porque costaban lo mismo: 10 $ la noche, una habitación doble con baño, TV, abanico (así llaman aquí al ventilador) y agua caliente (que no sirve de nada porque esta ciudad es un horno). Salimos a tomar una cerveza para quitarnos el calor y al día siguiente visitamos la ciudad para ver si había algo interesante. No vimos nada, así que probamos las famosas pupusas (pedimos unas que se llaman revueltas que son de queso con chicharrón) con un licuado de papaya y nos fuimos a El Cuco, una playa muy turística que hay a 1 hora.

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Al llegar nos pusimos a buscar alojamiento, pero era bastante más caro y no era la misma calidad ni por asomo, así que buscamos un camping. Después de la playa del Cuco está la de Las Flores, que es menos turística y más hermosa, pero ahí el camping es más caro, así que volvimos a El Cuco y después de buscar, preguntar y seguir buscando (creo que estuvimos hablamos con todo el pueblo), encontramos un camping cuyo dueño, Erick, era muy simpático y nos hizo muy buen precio (5 $ por noche los dos). Allí pusimos la carpa y estuvimos platicando con él hasta que nos dio mucha hambre y nos fuimos a pasear, comer y bañarnos en la playa. Erick es un personaje de unos 60 años que está casado con Lenda (una salvadoreña muy joven), y con ella tiene 2 o 3 hijos, pero en total tiene 18. Ha vivido en EEUU y tiene conversación de cualquier tema. Al rato nos estuvo contando acerca del mayor problema que tiene actualmente el país: las maras. En resumen son unas pandillas de jóvenes que se encuentran en El Salvador, Honduras y Guatemala sobre todo, pero ya se pueden ver en más partes del mundo. Es una mafia que sobretodo extorsiona a los ciudadanos de su territorio, pidiéndoles un ingreso mensual a cambio de “protección” (de ellos mismos vaya…). Algo que nos pareció muy curioso era el punto de vista de Erick. Él colabora con las maras, porque dice que no se les puede expulsar de la sociedad, son parte de ella, y hay que aceptarlos como son si no se les puede integrar no se les puede dejar al margen tampoco, para él ésta no es la solución. Por ello, como en El Salvador no hay forma de que se integren todavía, él colabora con ellos. Al rato de contarnos, llegó un chico en bicicleta y se tumbó en una hamaca a jugar con el celular (teléfono móvil) y Erick me hizo el típico gesto que hacen en esta parte del mundo para señalarlo (señalan con la boca), y entendí que era un marero. Le llamó por su nombre (el cual no recuerdo) y le dijo: “estos chicos españoles son clientes del camping, échales un ojo”. No se si me sentí más segura la verdad… pero en realidad después de recorrer El Salvador nos hemos dado cuenta de que no es un problema que afecte al viajero. Si vas con cuidado y sin cosas muy caras a la vista no te pasa nada, igual que en cualquier parte del mundo.

Echamos 3 días en este pueblo y su playa, en las Flores, tomando el sol, bañándonos, comiendo pescado, y haciendo y vendiendo artesanía (las pulseras que estoy haciendo, que en realidad se venden solas, yo no hago nada más que llevarlas al hombro y espero a que la gente me pregunte cuanto cuestan). Descansamos y decidimos ir a la capital, donde nos esperaba nuestra nueva couch Ligia, un sol de criatura. Agarramos dos buses para llegar el domingo a San Salvador, y en la terminal un taxista me dejó su celular para llamar a Ligia (para que veáis que buena onda son en este país). Ella vino a por nosotros y nos llevó a su casa para dejar las mochilas, ponernos el bañador y salir hacia la playa El Zonte, donde nos esperaba Gianpaolo, un italiano que también se estaba quedando en su casa, y sus amigas, Dafne, Valeri, Zoe y Eu. Allí estuvimos en un bar bien cómodo, en la misma playa y probamos la famosa mariscada de El Salvador ¡qué delicia! y ¡qué grande! menos mal que pedimos una para dos, porque era gigante. Nos bañamos pasamos el día en la playa, y salimos camino del volcán donde queríamos ver el atardecer, pero no contamos con un detalle… era domingo y todo el mundo quería volver a casa a la misma hora, así que, atascados en la carretera, decidimos que no queríamos ver el atardecer en el auto, dimos la vuelta y fuimos a El Tunco, la playa más turística de este país. Allí nos explicaron porqué se le llama Tunco a la playa. Es porque hay unas rocas muy grandes en la orilla con forma de tunco (cerdito) como panza arriba, medio hundido en el agua.

Ahí tomamos cerveza y vimos la puesta de sol, y nos volvimos cuando ya casi no había autos en la carretera a la ciudad. Nos llevaron directamente a una pupusería (restaurante donde preparan pupusas) a probar una de las mejores pupusas de la ciudad, junto con una horchata, una bebida muy refrescante, parecida a nuestra horchata de chufa, pero hecha de morro. Intercambiamos información con Gianpaolo que continúa su viaje por donde vinimos nosotros y viceversa, y nos despedimos porque se iba muy temprano a Nicaragua.

Íbamos a pasar un par de días en casa de Ligia, pero estábamos tan a gusto con ella y su perrita Maia, que decidimos aceptar la invitación de nuestra nueva amiga y quedarnos hasta el lunes siguiente para así poder pasar el fin de semana con ella y sus amigos.

Esos días paseamos por la ciudad, aproveché a visitar al dentista porque se me cayó un empaste de una muela, y aquí en Latino américa es muchísimo más barato arreglarse los dientes que en España, les vendimos 3 pulseras a la dentista y a la ayudante, arreglamos el ukelele que que regalaron a Chema en un luthier que hay en el centro, visitamos el Volcán de San Salvador o Quezaltepek, al cual entramos gratis (cuesta 2$ por turista) porque le explicamos al muchacho de la entrada que llevamos mucho tiempo viajando y no podemos “gastar plata” en esas cosas y que si nos colaboraba sería genial porque queríamos conocer ese volcán, y nos dejó entrar sin pagar.

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Es una caminata muy linda, y merece la pena, el camino está muy bien mantenido, con barandilla, escalones y miradores, donde puedes disfrutar del cráter del volcán que tiene un pequeño cráter dentro del grande. Se puede bajar y caminar por él, pero decidimos que estábamos cansados y ya era tarde, y solo lo disfrutamos desde lo más alto.

Por las noches Ligia nos recogía y nos llevaba a distintos lugares de su ciudad. Una noche nos llevó al Volcán para ver las vistas de la ciudad mientras cenábamos pizza, a un concierto de Salsa muy bueno, donde toca un amigo suyo (Salsalvador All-Stars), a los Planes de Renderos a cenar, que es una zona que está en alto en la ciudad, con varias pupuserías y un mirador de la ciudad, pero las pupuserías además tienen terrazas que son miradores también, y se comen las mejores pupusas de arroz (según nuestro criterio) y el mejor chocolate caliente (¡qué delicia!). Allí vimos una tormenta alucinante, los rayos caían a lo lejos al suelo y ¡salía fuego! antes de que se acercara nos fuimos por temor, porque estábamos en un punto muy alto de la ciudad. Otro día nos llevó a casa de unos amigos donde tuvimos una platica muy interesante y entretenida con la mamá del amigo, nos encantó, y por último, el fin de semana fue un no parar, quedamos una noche con Nestor en casa de Ligia, y estuvimos hasta tarde charlando y tomando la cerveza salvadoreña que más nos gustó: la Regia. Al día siguiente nos fuimos a San Blas, en la playa, que habían alquilado estos chicos una casa con piscina y fuimos a pasar el fin de semana, con Ligia, Nestor, Valeri y Jacob (Seco). Allí lo pasamos en grande, fue un fiestón, y terminamos en D’Rocas bailando salsa, un bar restaurante muy famoso en el Tunco. De allí nos llevó Ligia directos a la terminal de buses donde agarramos un bus a Santa Ana, la antigua capital de El Salvador, donde nos esperaba Erick, nuestro nuevo couch, que ha sido, como no, super bueno con nosotros.

Vive con su madre Carmen, y los dos cocinan de muerte. Nos han dado a probar todos los platos típicos de su región. Tienen un perro gigante y albino, Carlos Daniel, que es un sol, tan inteligente que parece persona, y ¡hace el amago de hablar cuando se le regaña!

Erick es estilista creativo, y nada más llegar me ofreció arreglarme el pelo, así que desde el pirmer momento ¡¡lo ameeee!! traía unos pelos… no os podéis ni imaginar, y me lo ha dejado sanito sanito, y con un corte muy lindo y cómodo. ¡Gracias Erick!

Aprovechamos para visitar la Ruta de las Flores, que está muy cerca de Santa Ana. Nos fuimos un día después de comer con Erick, a: Ahuachapán, Concepción de Ataco, Apaneca, Nahuizalco y Juayúa. Estuvimos 3 días y 2 noches, parando en hoteles de la zona.

La Ruta de las flores recorre la cordillera Apaneca- Llamatepec, es muy turística y comprende una serie de lindos pueblos artesanales con una cultura viva, bosques de café, lagunas y cascadas, bellas ciudades de calles empedradas y un clima templado por el día y fresco por la noche, que se agradece en este país tan caluroso.

Lo que más nos gustó P1270415fueron las cascadas de Juayúa, Los Chorros de la Calera, que están comunicadas subterraneamente (no probamos a sumergirnos porque no íbamos con guía y nos daba un poco de miedo, además de que íbamos con mochila y no queríamos que se mojara).

En Juayua nos quedamos en un hotel de lujo, en lo más alto de la ciudad. Un jardín muy lindo, piscina, vistas a la montaña, y la habitación parecía una casa, con sala de estar, baño y dormitorio con dos camas de matrimonio, y todo por 14 $.

Después de la Ruta de las Flores fuimos a Tazumal y Casa Blanca (ruinas arqueológicas mayas), antes de volver a Santa Ana. Allí probamos una cosa que nos encantó: la Mangoneada, vais a pensar que es imposible que esté bueno, pero está riquísimo: paleta o helado de frutas aliñado con sal, pimienta, chile, limón y alguashte. En Tazumal (que costaba 3$ la entrada para turistas) nos dejaron entrar gratis también, cuando le dijimos que no teníamos dinero para entrar pero queríamos conocerlo, y como buen salvadoreño, nos colaboró. En Casa Blanca no pudieron dejarnos entrar porque controlan al trabajador (cuesta también 3$ la entrada para turistas) pero nos compraron 4 pulseras, así que nos salió redondo el día.

Ya en Santa Ana, fuimos con Erick a varias fiestas, bares y a casa de sus amigos Adalid y Jonathan, donde nos encontrábamos con el resto de los amigos: Roberto, Evelin, Devora, Italo, Heisor, Mariel, Wendy, etc. Nos encantó conocer a este grupo tan divertido y fiestero, hemos bailado mucha salsa y cumbia, música de los ’80 y ’90, probado muchos platos típicos, todas los tipos de cerveza, etc.

Hemos aprovechado mucho este pequeño país, nos habría gustado conocer más, pero así dejamos cosas por ver para poder volver a visitar a nuestros amigos salvadoreños, que los adoramos.

Decidimos que ya teníamos que continuar nuestro viaje, porque además en el CA-4 (El Convenio Centroamericano de libre movilidad por 4 de los países de Centro América: Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua) solo nos dan 3 meses, para los 4 países, así que no nos tenemos que dormir para que nos de tiempo de recorrer Guatemala.

En el bus conocimos a un chico súper simpático que viajaba con su abuela a Guatemala, Daniel, que nos estuvo ayudando y dando mucha información durante todo el viaje. Además nos compró una pulsera y al verlo, otra chica del bus la compró también, y al llegar a Guatemala City nos invitó a compartir el taxi y no nos dejó pagar. Nos encanta encontrarnos con gente tan buena por el mundo.

 

Ahora estamos en Guatemala, en Sumpango, en casa de Adán, que nos ha tratado re bien, nos ha dado toda la libertad del mundo, para descansar, visitar este pequeño pueblo y escribir este post, y por las noches cuando volvía del trabajo charlábamos para conocernos. Es un tipo que tiene como objetivo en la vida cumplir sus sueños. Muy buena filosofía, sobre todo porque lo está haciendo.

Aquí hemos coincidido con dos viajeros, una pareja llituana-peruana, Vilma y Oliver, que llevan viajando por este continente unos 22 meses, y son muy simpáticos, no hemos parado de hablar y reír, y sabemos que nuestros caminos se van a volver a cruzar porque tenemos una ruta parecida.

Después de aquí nos vamos a Antigua y a recorrer el Lago Atitlán, que nos han dicho que son hermosos!! ya os contaremos.

¡¡Un abrazo!!


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