¿Y si nos echamos unas carreras agachados? 4


Hay una cosa que hemos aprendido en estos días en Bolivia: ¡¡no queremos trabajar de mineros en la vida!! ¡¡qué duro!! estuvimos en Potosí y allí es visita obligada la de las minas de plata, que son patrimonio histórico de la humanidad, y ahora más adelante os contaré cómo fue nuestra experiencia, pero primero os relataré los días anteriores.

Nos despedimos de Argentina en Jujuy, junto con Sergio, su sobrino Juan y sus amigos yendo a escalar uno de los días. Fuimos a una zona que se llama Volcán, en la salida de Jujuy, con Sergio, Juan y Poncharelo (el fantástico perro de Sergio),y allí nos encontramos con Agustín, Agustina, Ale, Luciano, Sol y Bruno. Después de un paseo por el campo llegamos a la zona de escalada y echamos allí el día.

Merendamos con Sergio y Juan, y nos fuimos de nuevo al hostel, a descansar. Visitamos la ciudad y vimos la final del mundial. Fue una pena porque Argentina perdió… y vimos como sufrían los argentinos. Otra vez será…

Esa misma noche, nos fuimos en bus a las 3:00 am, hacia la frontera, a Quiaca y ahí esperamos en la estación a que amaneciera porque ¡¡fuera hacía -10º!! Una vez salió el sol, nos fuimos en dirección a la frontera para cruzar a Villazón caminando, pero antes paramos a tomar un desayuno y así coger fuerzas. Cruzamos la frontera, que fue rápido y fácil, compramos tarjeta de móvil (chip para el celular) boliviana y nos fuimos en busca de la estación de tren para llegar a Uyuni. Encontramos la estación pero nos dijeron que no se podía pagar con tarjeta, así que Chema se fue a sacar dinero y yo me quedé en la cola para comprar los billetes. De repente salió un señor y dijo que el billetero estaba de vacaciones y venía otro de camino en el tren, pero estaba en otra ciudad y tardaría unas horas. Eran las 8:00 y allí estábamos sin saber que hacer, porque no nos querían dar número y el billetero no llegaba hasta las 12:00 aproximadamente, así que la gente empezó a discutir porque no queríamos perder el orden de llegada y se llegó al acuerdo de darnos número entre nosotros, porque la empresa no quería ayudarnos. Una chica argentina sacó una libreta y fue apuntando el orden, y el señor de la estación con un indeleble nos fue numerando en la mano. Yo era el 22. ¡¡Bienvenidos a Bolivia!!

Esperé a Chema, y ya nos quedamos esperando en la estación, donde se armó un quilombo porque conforme llegaba la gente quería número, pero ya no había indeleble… se hizo otra cola, intentaron colarse, pero al final Chema, Soledad (la chica argentina que apuntaba en su libreta) y yo, conseguimos nuestro boleto de tren.

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A Sole deberían haberle dado un sueldo ese día, porque cada vez que llegaba alguien nuevo iba a informarse con ella y a apuntarse en su libreta, creyendo que ella trabajaba allí, era muy chistoso.

Comimos con Sole en un sitio que había cerca porque el tren no salía hasta las 15:30, un sitio de menús muy barato, y ahí nos dimos cuenta de lo barato que es Bolivia. Ya nos habían contado, pero ¿¿¿2 euros un menú??? y el tren nos salió re barato también: 10 horas de trayecto, 5 €.

Tomamos mate con Soledad en el tren, y charlamos de mil cosas y no sabíamos que llegábamos tan tarde a Uyuni, cerca de las 2 am, así que les preguntamos a dos australianos que había detrás nuestra en el tren si tenían hostel en Uyuni. Nos dijeron que no tenían reservado pero viajaban con la guía Lonely Planet, y ahí les salían varias direcciones.

Nos fuimos con ellos cuando salimos de tren, y ¡hacía un frío increíble! preguntamos en varios sitios y finalmente nos quedamos en uno que tenía habitaciones dobles por 8 €. Era una heladera, así que al día siguiente nos cambiamos a otro un poco más caro, pero con calefacción y desayuno. Después del cambio de hostel nos pusimos a buscar una excursión al Salar con Volkan y Zac (los australianos que conocimos en el tren), y encontramos uno que tenía lo que queríamos y además nos rebajó más que ninguna otra agencia: 4 días, coche, desayunos, comidas y cenas, 3 noches de hotel (1 de ellas en hotel de sal), e íbamos a visitarlo todo: cementerio de trenes, salar de Uyuni, Volcán Tunupa, Isla del Pescado, Lagunas Colorada y Verde, desierto de Salvador Dali, árbol de Piedra, Geysers y aguas termales y otros volcanes, y todo esto solo por 100 € cada uno. Mi instinto me decía que no me fiara de una mujer con estrellas de oro en los dientes, pero nos tentó mucho…

En fin, muy contentos los cuatro nos fuimos esa tarde a comprar las cosas que necesitábamos para salir al día siguiente temprano y descansamos. Al día siguiente llegamos a la agencia de turismo “Wara del Altiplano” (por cierto, si alguna vez vais a Uyuni, ¡¡no contratéis con ellos!!) y nos dijeron que el auto no había llegado todavía. Esperamos media hora, y nos dijeron que teníamos que esperar a la otra pareja que venía con nosotros (los autos son de 6 personas) que llegaba desde la Paz esa mañana. Y finalmente nos dijeron que teníamos un problema: en Uyuni había paro (huelga), el motivo es que el alcalde no había hecho la estación de buses nueva como el pueblo quería, había dejado la antigua que es una porquería y había robado mucho dinero. Ahora el pueblo reclama que se haga lo que ellos pedían y por ello se estaban manifestando y exigiendo que toda la ciudad hiciera paro. Habían puesto bloqueos en la entrada norte de la ciudad, y era justo por donde iban a entrar estos dos muchachos que venían con nosotros, y el bus donde venían los había dejado allí. Le dijimos que les esperábamos pero la mujer de los dientes de oro (Fátima) dijo que tardarían mucho, que lo mejor sería aplazar la excursión un día (lo mejor para ella), le dijimos que no, que no podíamos esperar más a estos chicos y que queríamos ir ya porque los bloqueos iban a ir a peor, y no queríamos quedarnos sin excursión que ya habíamos pagado. Bueno, pues Fátima accedió, y nos dijo que nos fuéramos con el auto hasta el Volcán y pasáramos allí la noche, el chófer se volvía a por los ingleses y al día siguiente seguían la excursión con nosotros. Le dijimos que nos parecía bien y comenzamos el camino.

Saliendo de la ciudad, nos dijo el chofer (Javier) que íbamos a tomar un camino que no estaba bloqueado, y ahí me di cuenta de que estábamos saliendo en dirección el Salar, le pregunté a Javier por qué no íbamos al Cementerio de Trenes que era nuestra primera parada y nos dijo que a la vuelta (primera mentira). Entonces vimos en medio de la nada a un taxi parado, le preguntó Javier algo en quechua y estuvieron hablando y señalando dos furgonetas del camino que estaban más adelante con muchos hombres en los cajones de las camionetas. El taxista dio media vuelta y se fue, y Javier se quedó un momento pensando, nos dijo que le había dicho que era bloqueo, pero que él no lo creía… dudó por unos instantes mientras los de una de las furgonetas arrancaban y se dirigían hacia nosotros, y ahí Javier decidió dar la vuelta. Nos persiguieron y empezaron a tirarnos piedras a las ventanillas, primero a la trasera porque iban detrás nuestra, pero nuestro chífer (no me queda claro porqué) dejó que le adelantaran y comenzaron a golpear su ventanilla, hasta que se rompió y nos sacaron de la carretera. Javier paró el auto (por suerte no volcamos) y empezó a gritarles en quechua, discutieron, se rieron de él y se fueron. Fue un momento muuuuy tenso, los australianos se acojonaron, empezaron a esconder sus celulares (móviles), documentación y dinero entre los asientos del coche (como si no fueran a mirar ahí…), pero esos hombres no tenían nada en contra nuestra, solo querían dañarle el auto al esquirol

14558936449_74fcb70c6d_kNosotros seguimos nuestro camino con una ventanilla menos, y llegamos a nuestra primera parada: Colchani, un pueblo artesano que está a la entrada del Salar de Uyuni. Estuvimos visitando el Museo de Sal, viendo las artesanías y riéndonos de lo que nos había pasado con el bloqueo. Estábamos contentos hasta que recibimos la primera llamada de nuestra amiga Fátima, diciendo que el bloqueo estaba peor, y que lo mejor era que no durmiéramos en el Volcán, a lo que le dije que si el bloqueo estaba peor, nosotros no queríamos volver a Uyuni para volver a pasar por el bloqueo otra vez, que íbamos a dormir en el Volcán y al día siguiente vendría ella con la otra pareja. Resulta que la otra pareja, inglesa, ya no quería hacer el tour con ella porque no los había esperado, y a ella ya no le interesaba hacer un tour de 4 días para 4 personas y quería que volviéramos de cualquier manera, pero nos mantuvimos firmes y le dijimos que no, que dormiríamos en el Volcán.

Seguimos el camino, y llegamos al Salar de Uyuni,  el mayor desierto de sal continuo del mundo, con una superficie de 10 582 km². Llegamos al hotel de sal, donde paramos a comer. La siguiente parada ya era Coqueza, un pequeño caserío situado a los pies del Volcán de Tunupa.

Las casa están hechas de adobe, son bajas y techadas con pajas secas, hay una pequeña iglesia colonial que tiene mas de 120 años, y que permanece cerrada toda la semana hasta el domingo que llega el sacerdote para dar los oficios. Aquí se crian llamas que viven en las laderas del volcán y hay enormes plantaciones de Quinua.
Allí vimos el anochecer en el salar, dormimos y nos levantamos bien temprano, a las 6:15 para ver el amanecer en el salar, y congelados lo vimos, el sol saliendo reflejado en el salar, con los flamencos rosados. Muuuuy lindo, al igual que el atardecer y al tener el pueblo solo dos farolas, imaginaos la cantidad de estrellas que se veían.

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No sabemos si justo coincidió que cuando llegamos nosotros eran las fiestas del caserío, o es que siempre están de fiesta, pero allí estaban todos celebrando algo, con música y alcohol hasta la madrugada.

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Después de desayunar nos fuimos caminando hasta la cueva con las Momias de Coqueza, que tiene unas momias de más de 3000 años de antigüedad. Allí nos metimos en las cuevas, nos tomamos unos mates y bajamos de nuevo a ver que había decidido nuestra amiga Fátima.

Comimos, y Fátima nos dijo que nos teníamos que volver porque Javier no tenía gasolina (¡Nos la había jugado la tía! sin gasolina no podíamos hacer nada…). Discutimos con ella porque no queríamos volver a Uyuni, queríamos terminar nuestro tour, y llegamos a un acuerdo: iríamos a la Isla del Pescado y dormiríamos en Colchani para que nos acercaran la gasolina ahí y seguir nuestro tour al día siguiente.

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Fuimos a la Isla del Pescado que es hermosa, tiene cactus gigantes de hasta 10 metros de altura, y es la mayor del conjunto de islotes situados en el centro del salar de Uyuni. Esta isla recibe ese nombre debido a su perfil, al ser vista desde el este o el oeste cuando se refleja en el salar inundado, generalmente en enero y febrero, forma la silueta aproximada de un pez.

Volviendo, en teoría a Colchani, nos llamó Fátima, y dijo que no podíamos dormir allí, que teníamos que volver a Uyuni, que ella nos pagaba la cena y noche de hotel, para al día siguiente reanudar el viaje. Ya no nos dejó más opción que volver, porque Javier volvía y no nos íbamos a quedar por nuestra cuenta… volvimos muy cabreados pero resignados, y dormimos en el mismo hotel de la primera noche, el que era una heladera.

Al día siguiente, los cuatro ingenuos nos plantamos en la agencia, y cual fue nuestra sorpresa cuando nos dijo Fatima que no había gasolina, que la habían bloqueado y no nos podía llevar a ninguna parte hasta que terminara el paro. Le dijimos que nos pagara el desayuno que teníamos que hablarlo los cuatro. Desayunando Volkan y Zac decidieron que querían la mitad de su dinero de vuelta para irse ya a La Paz. Ya se nos complicaba más el asunto, porque si con 4 no era negocio para nuestra amiga Fátima, con dos menos todavía.

Cuando fuimos a que le devolviera el dinero a estos chicos y ver qué pasaba con nosotros, justo llegó un auto con 5 franceses muy cabreados, y en la puerta además había un mexicano también muy cabreado, y es que resulta que Fátima siempre hace lo mismo, te hace volver para pasar una noche en Uyuni y te cambia los planes, y así ya no da tiempo de verlo todo. Allí insultaron a la mujer en varios idiomas, le tiraron las bolsas de agua caliente a la mesa y se fueron todos cabreados, así que decidimos que no queríamos hacer nada más con esa mujer. Le pedimos la mitad de lo que habíamos pagado, intentó que le pagáramos más y le dijimos que no se columpiara, que bastante le estábamos dando, así que nos devolvió la mitad del dinero.

Ese día fue muy raro, Uyuni lleno de turistas desesperados, con las mochilas de acá para allá, queriendo salir de la ciudad y sin conseguirlo. Zac y Volkan compraron un pasaje por 350 bolivianos en una agencia, que te llevaba a Oruro, cuando en un bus normal te vale 30 bolivianos, pero claro…se aprovechaban de que no hay forma de salir de la ciudad… pero luego nos encontramos unos turistas que hicieron eso, y les engañaron, les llevaron al aeropuerto a las afueras de la ciudad, que estaba cerrado, y los dejaban allí tirados, después de cobrarles y sin saber donde estaban. Al final no se cómo, decidieron no irse en auto, arriesgándose al engaño, si no que era mejor ir andando hasta el bloqueo, cruzar a pié y allí agarrar un bus que, en teoría, pasaba durante todo el día.

14784016843_4950bd1cf2_kA mi no me gustaba mucho la idea, pero ya no quedaba otra y no queríamos seguir en Uyuni. A la mañana siguiente, salimos, desayunamos mucho y nos fuimos en busca de un taxi que nos acercara al bloqueo, pero no había forma, nadie quería. Al final a las 11 más o menos encontramos uno que nos acercó un poco, estuvimos andando una hora aproximadamente hasta el bloqueo, y la gente que se cruzaba con nosotros que venía del otro lado, decía que había taxis al otro lado que te llevaban a Potosí por 100 bolivianos (¡perfecto!). Luego nos encontramos con otros que decían que no había ya vehículos, pero decidimos llegar allí para averiguarlo. Por el camino se nos unieron 3 australianos, que habían quedado con un taxista (Alfonso) al otro lado del bloqueo. Llegamos al bloqueo, con las mochilas, el frío y sudando porque el sol pega fuerte aquí, y esto está muy alto y nos asfixiábamos al andar. Cruzamos sin problema, pero al llegar al otro lado no había ningún vehículo… seguimos andando, y andando, y andando, y cuando llevábamos 4 horas más o menos andando, nos dijeron que mejor nos diéramos la vuelta, que todavía faltaba mucho para el siguiente pueblo y habían puesto un bloqueo más allá. Los australianos que se nos habían unido por el camino, decidieron volver e intentar salir por Tupiza (que era más caro, pero había menos bloqueo), y nosotros decidimos que ya no había marcha atrás. Seguimos el camino, sin parar para llegar antes de las 18:00 al pueblo y allí o bien agarrar un taxi, o echar noche, y de repente para una moto con dos bolivianos y nos preguntan si somos los australianos, a lo cual le dice Chema: “¿tú eres Alfonso?“, y le dice que sí, y le contesta Chema: “¡ah! sí, ellos dos son los australianos” (creo que esto es el mejor de los ejemplos para mentira piadosa). El ve que somos 4, le preguntamos si hay problema, dice que no y ¡¡tachán!! ya tenemos taxi, pero en el pueblo, escondido para que no le rajen las ruedas los piquetes, y la charla en el camino fue: “¿falta mucho para el pueblo?” “nooooo está ahí nomasito…” al final llegamos a las 18:30 a una aldea diminuta, sin parar, rapidito, monte arriba, monte abajo (pero había más monte arriba que abajo…), así que nada más y nada menos que 7 horas y media a pie para salir de Uyuni, pero lo conseguimos ¡¡estamos fuera!!

Nos fuimos disfrutando de las vistas, un paisaje alucinante, hasta Potosí. Allí descansamos y nos curamos del resfriado que agarramos por el camino, en el hostel, paseando por la ciudad, comiendo en sitios muy recomendables, el mejor fue La Taberna, comimos también una sopa exquisita llamada Calapurca, que lleva una piedra a la brasa dentro. Visitamos la Casa de la Moneda, donde nos han contado historias muy interesantes de Bolivia, de Potosí, de la plata y las minas del Cerro Rico (la más grande del mundo desde mediados del siglo XVI hasta mediados del siglo XVII), pero historias muy tristes, de como el Cerro Rico es conocido como la montaña traga hombres, porque allí murieron más de 15000 indígenas, trabajando en las minas, porque los españoles sacaron una ley con la que les obligaban a trabajar en las minas durante unos años de su vida.

De ahí viene la expresión “vale un potosí“, que quiere decir que tiene mucho valor, porque Potosí, para los colonos españoles tenía mucho valor.

La excursión que contratamos fue a la mina Caracol, con nuestro guía Oscar, un ex minero que tiene mucho sentido del humor. Primero nos dieron todo el equipo de Gringominero y después nos llevaron a un mercado de mineros donde compramos a las cholitas dinamita, coca y refrescos, para regalarle a los mineros que estaban trabajando, porque las galerías por donde íbamos a pasar están activas y hay que darles un pequeño regalo para que se porten bien con nosotros en la mina y nos dejen pasar por su zona de trabajo.

14585281018_3ffec16685_kDespués de comprar los regalos nos llevaron en combi a un grupo de extranjeros con dinamita y coca (muy raro) a la fábrica de plata, donde se hace el polvo de plata, y finalmente a la mina Caracol, a hacer un recorrido de más de 3 horas,  y es por eso que os contaba al principio del post que no queremos ser mineros, ¡¡que horror!! más de 3 horas agachados, corriendo, sudando, escalando, reptando, respirando polvo, con solo la luz del casco y a más de 4000 metros de altura. Y cuando digo correr, es correr, porque como las minas están activas, van y vienen con las carretillas y los turistas no podemos entorpecerles, entonces tenemos que correr, y de repente hay una explosión (todo controlado, pero el susto te lo llevas), en fin, una experiencia buena de la que hemos aprendido mucho, pero que no vamos a repetir.

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En los recorridos te encontrabas con El Tío, representación del demonio poseedor de las minas, a quien se hacen ofrendas (alcohol, cigarrillos y coca sobre todo) para sacar la plata de sus entrañas y la Pachamama, y con ambos se tienen que llevar bien los mineros, El Tío es el dueño de la plata, pero la Pachamama es la que les cuida dentro de la mina (y por cierto no quiere mujeres en las minas… daba todo mucho miedo en esa mina…).

Ahora estamos en Sucre, la capital de Bolivia, una ciudad preciosa y con mejor clima, una arquitectura muy linda, calles empedradas y mucha actividad. Nos encanta esta ciudad.

Estamos descansando de la paliza que nos dimos en la mina, y deseando llegar al calor y la playa de nuevo.

Un besote enorme!!


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4 ideas sobre “¿Y si nos echamos unas carreras agachados?

  • elena pomares

    Hala¡ Cuantas aventuras¡ Indiana Jones se queda corto a vuestro lado¡ Siento deciros que mi hermano se viene a España de vacaciones.
    Creía que ibais a llegar antes a Bolivia. Sorry¡ Mil besos

  • Jose Maria Gimenez

    Estuvimos el sábado en el centro. Por más que buscaba no os encontré, os echamos mucho de menos. Por favor, sigue contando cosas que nos encanta saber cómo os va. Además leer vuestras aventuras, cómo dice María Elena, es una gozada.
    Un beso para los dos.

    • Laura Gómez Autor

      A ver si inventan ya la teletransportación, porque nos ha dado pena perdernos la feria 😉
      Acabo de terminar la última entrada 🙂 a ver si os gusta…
      Un besote enorme!!!